Tag Archives: Razones para la lectura

Lectura hospitalaria: la literatura como trinchera

9 Ene

Libros refugio Sublima Comunicación533878_384372378262223_195805243785605_1220264_257116628_nHe comenzado el año entrando y saliendo del hospital. La sala de urgencias, abarrotada a cualquier hora, está poblada de personas enfermas y angustiadas que anhelan una información y atención que tarda más de lo deseado. Yo soy una de esas personas, pero tengo en mi pesado bolso un valioso remedio que me permitirá sobrellevar la espera sin desesperar: libros.

Son textos escogidos con prisa y que tenía pendientes por una u otra causa: “José Mª Hinojosa: Entre dos luces” sobre el poeta malagueño de la Generación del 27, “Donde se guardan los libros” , de Jesús Marchamalo, un recorrido por las bibliotecas de distintos escritores que me ha permitido desde las páginas poner en práctica una de mis aficiones favoritas: curiosear en las estanterías ajenas, y un tercer libro , “Al sur de la Alameda: Diario de una toma”, novela juvenil ilustrada que causa furor en las redes lectoras y que trata de la revuelta estudiantil chilena del 2006, obra que me ha sorprendido por su frescura y la fuerza de sus imágenes.

Al margen de la diversidad temática y estilística, todos y cada uno de ellos han cumplido a la perfección con su cometido: protegerme contra la realidad. Las páginas me han servido de trinchera y me han puesto a salvo durante unas horas de mi propia angustia y del sufrimiento ( y  los gritos y la mala educación en algún caso) de las gentes que me rodean. Los tiempos de espera se diluyen y se funden con el tiempo marcado por las páginas y descubro casi con sorpresa que es de nuevo la hora de visita.

Frente al indiscutible valor de la ficción para situarnos ante la propia realidad, valoro en estos días la posibilidad que me brinda la literatura de escapar de un presente doloroso con una eficacia que solo puedo comparar a la compañía de aquellos que me quieren. Los libros me han protegido del ruido externo y del ruido de mis propios pensamientos, me han acogido entre sus páginas y me han hecho sentir segura por un rato. La estructura ordenada de las narraciones han roto con el caos que me cerca y he conseguido sin habérmelo propuesto recuperar el placer de la lectura en papel, sin enlaces, sin información desplegable ni distracciones de ningún tipo, una lectura marcada por las palabras, organizadas en líneas, párrafos y capítulos que mantienen su estructura inmutables. También esa firmeza me ha ayudado a ponerme a salvo.

Sí, estoy convencida, la literatura nos protege.

Literatura y vida: un camino de ida y vuelta

21 Abr

Ilustración de Hartmut R. Berlinicke

Hace unas semanas asistí en la Casa del Lector a un encuentro en el que conversamos sobre la lectura  y los espacios lectores.  Juan Mata, conductor de este primer diálogo, nos presentó su proyecto con la Asociación Entrelibros , una asociación que con la voz como herramienta y los libros como soporte, intenta acercar la lectura a entornos en principio alejados de esta actividad.

Los hospitales, los centros penitenciarios, las asociaciones de padres de barrios desfavorecidos son algunos de los lugares a los que Entrelibros se acerca con el único objetivo de compartir lecturas con aquellos que quieran escucharlas……¿Único objetivo?. No, la literatura nunca tiene un único objetivo; junto al placer de abandonarnos a un relato, de escuchar una voz bien modulada que nos regala palabras , las historias nos obligan a cuestionarnos.

No importa que haya intencionalidad o no a la hora de la lectura, los libros deben provocar la reflexión, el diálogo  y el posicionamiento ante la vida, la propia y la ajena. Los libros multiplican nuestras experiencias vitales y nos obligan a tomar partido.

El libro se convierte en ocasiones en espejo en el que mirarnos, pero con la distancia que propicia la página , permitiendo redimensionar los problemas o canalizar en otros casos las propias emociones. Nos vemos en otros que no somos nosotros, pero que sufren o ríen como nosotros hacemos, que tienen nuestros mismos miedos y un corazón que late también al ritmo acompasado de los días.

En otras ocasiones, el libro se convierte en un catalejo que nos acerca realidades que nos resultan ajenas, otras culturas, otros protagonistas que poco o nada tienen que ver con nuestras vivencias pero que  no por ello nos dejan indiferentes. También necesitamos la literatura para esto, para meternos en otra piel, sentir y mirar con los ojos de otros y quizá, desde nuestra situación de privilegio, dar un paso para cambiar un mundo a veces poco amable con sus habitantes.

A menudo, el simple hecho de leer o de mostrar las imágenes de un álbum ilustrado bastan para desencadenar el  diálogo y la reflexión. Otras veces, insistía Juan Mata,  tendremos que provocar el intercambio de opiniones  y así sumar las experiencias lectoras de cada uno de los asistentes enriqueciendo la lectura individual . Hablar de los libros y vincular ese diálogo a las emociones , hacer de la literatura vida y , ¿por qué no?, de la vida un poco de literatura.

En este enlace podemos encontrar algunos títulos en los que vernos reflejados , una guía de lectura del Club Kirico con el nombre de “Como la vida misma”.

Biblioterapia

15 Ago

Los bibliotecarios llevan años aplicando técnicas de marketing para visibilizar sus fondos: los puntos de interés, los expositores de novedades o las selecciones realizadas sobre  temas de actualidad tienen mucha similitud con estas prácticas comerciales y su  fin no es otro que el de sorprender y  transformar el libro  en un objeto de deseo que incite a los usuarios  a sumergirse entre sus páginas.
Me ha llamado la atención la estrategia desarrollada en una librería que decidió convertir su establecimiento en una farmacia. De la misma manera en la que pedimos consejo a nuestro farmacéutico sobre la medicación adecuada para una dolencia , los clientes de esta librería acudían a su librero solicitando remedios para sus males: un libro para olvidar un amor, sobrevivir a la rutina o entender el distanciamiento de un amigo del alma.
El librero terapeuta pregunta sobre los síntomas de su enfermedad y receta una lectura : poesía, ensayo, novela…..literatura pura, alejada de los libros de autoayuda. Libros que les permitan no borrar la realidad, sino a darle a esta una perspectiva diferente : literatura reflejo o literatura refugio, libros que acaricien el alma y que posibiliten distanciarse de la propia vida para volver tras la lectura a enfrentarse esperanzados al mundo.
Los bibliotecarios, conscientes del poder curativo de la lectura,  recomendamos libros para afrontar los miedos de la infancia, historias de superación a adolescentes sin norte o novelas de “amor y lujo” para adultos en crisis que necesitan soñar con otras vidas posibles.
Frente al caos, la literatura nos ofrece una estructura organizada, una coherencia  que puede ayudar a sobrellevar el desorden personal. La lectura nos cambia y nos salva, nos abre nuevas ventanas, así que utilicemos los libros para curar los males del alma, escuchemos con atención y recomendemos el consumo indiscriminado de  estos remedios que carecen de efectos secundarios.
Organicemos una sección de “BIBLIOTERAPIA” en nuestra biblioteca y animemos a los usuarios, a los miembros del club de lectura o a nuestros alumnos a hacer sugerencias para llenar poco a poco los anaqueles de libros curativos.

Se me ocurre “La resistencia” de Ernesto Sábato para afrontar la vejez con  optimismo, “El árbol rojo” como antídoto contra la desesperanza ,  “Sobre la felicidad a ultranza” de Ugo Cornia para aprender a recordar con alegría a aquellos que ya no están y  unos poemas de Benedetti para recuperar la ternura cotidiana.
¿Alguna sugerencia?

Leer o no leer: esta no es la cuestión

29 May

Se están desarrollando estos días en Málaga las III Jornadas “Mejor con un libro”, una iniciativa de Central Ciudadana más que loable.
Comenzaron con una mesa redonda que bajo el título “Medidas de fomento de la lectura” provocó un encendido debate sobre el principio irrenunciable de libertad en la práctica lectora, cuestión que creo que debemos matizar.
Partamos de la diferencia entre la lectura instrumental ( de la que no podemos prescindir ) y la lectura autónoma que se realiza por puro placer y que sí es opcional.
La primera es una herramienta insustituible para acceder al conocimiento, para situarnos en el mundo. El desarrollo de la competencia lectora no es una cuestión de gustos, es una cuestión de necesidad: debemos leer y aprender a superar todas las fases del proceso (decodificar, interactuar, comprender e interpretar) de la misma forma en la que aprendemos las reglas básicas de la aritmética. Y este aprendizaje requiere un entrenamiento, una constancia que no podemos dejar en manos de la voluntad del alumno. Está claro que si esta formación  se realiza desde el placer nos resultará mucho más fácil superar las distintas etapas; pero no siempre es así, en numerosas ocasiones nos vamos a encontrar con alumnos que no van a realizar un  acercamiento voluntario al libro, y es ahí donde toma fuerza la figura del mediador.
Leer no es fácil, leer requiere un esfuerzo por parte del lector y nuestra labor como mediadores se enfrenta al reto de hacer atractiva una actividad que resulta compleja, frente a otras como puede ser el visionado de una película, en la que el esfuerzo se minimiza.
El fomento de la lectura es una labor de seducción: tenemos que provocar el deseo en nuestros alumnos, despertar su interés por descubrir lo que las páginas esconden, la necesidad de ir más allá, y para ello todas las armas son válidas: lecturas compartidas, debates en clase, creación de blogs, utilización de las redes sociales, propuestas de textos derivados….todo lo que nos permita acercarnos a los libros y desarrollarnos como lectores competentes. La consolidación de las habilidades lectoras es progresiva, escalonada, vamos superando pruebas, enfrentándonos a textos más complejos con objetivos diversos, y esa práctica sistemática es la que nos va afianzando como lectores.
No voy a entrar en la polémica de las lecturas literarias obligatorias en los centros escolares, no podría ser objetiva ya que tuve la suerte de tener profesores magníficos que supieron acercarme los clásicos con su entusiasmo. Estoy convencida de que es posible este acercamiento pero también que hay que fragmentar, acompañar, versionar….
Existen buenos y malos libros y es responsabilidad nuestra como mediadores seleccionar textos de calidad y hacerlos accesible. Compaginar este criterio de calidad con la libertad de elección no es tan complejo como puede parecer : que los alumnos elijan aquello que quieren leer dentro de las opciones que hayamos puesto a su alcance teniendo en cuenta sus intereses y sus habilidades, textos que no sientan ajenos, pero también textos con los hagan crecer como lectores. Contemos con su opinión a la hora de la selección, tengamos en cuenta sus recomendaciones…. el simple hecho de hacerlos partícipes modificará su actitud ante ese libro que tienen la “obligación” de leer.
Leer no es una opción, leer hay que leer.

De la cuna a la Luna : creciendo con la poesía

5 Feb

    Venimos al mundo arrullados por la voz de nuestra madre. Estudios científicos han demostrado que los bebés saben reconocerla desde los primeros momentos de su vida, y que esa voz los tranquiliza y sosiega. Las madres gestantes hablan con sus hijos durante el embarazo, les ponen nombres, los acarician antes de que vean la luz del mundo, y una vez en él ,los rodean de palabras iniciándolos en el lenguaje y vinculándolos para siempre con la sociedad oral.
En el seno de la familia introducimos también a nuestros hijos en el universo poético a través de las nanas, de las retahílas, de las canciones de juego y repetición con las que el niño se apropia del mundo. Las palabras como medio para relacionarse con lo ausente, como forma de pensamiento, como puente que une su nido protegido y cálido con la vida que se desarrolla más allá de la cuna .
Nacemos predispuestos a la poesía; durante los primeros años de vida aprendemos a jugar con las palabras, a reír con ellas, a abandonarnos a su música sin necesidad de descifrarlas. Nacemos con alma de poetas y debemos crecer con la poesía, pero este crecimiento requiere un acompañamiento por parte de padres y profesores hasta el inicio de la adolescencia en la que el joven descubre sus emociones más íntimas reflejadas en los textos poéticos y puede comenzar su andadura en solitario.
Pregunto siempre en mis talleres en qué idioma les gustaría escuchar una declaración de amor y la respuesta es invariable : en italiano, en francés, en brasileño… Elegimos esas lenguas porque su desconocimiento nos permite centrarnos en la melodía como ocurre durante la infancia; con el aprendizaje del significado prescindimos de las otras dimensiones de las palabras olvidando que hay palabras suaves, cortantes, redondas, azules o cantarinas…..¿por qué no desandamos el camino?, ¿nos atrevemos con ese juego?.
La poesía es el arte de la palabra precisa, aúna pensamiento y emoción, es la puerta por la que accedemos a la dimensión más sublime de una lengua : demos un espacio a la poesía en nuestras aulas, en nuestros hogares, convirtámosla en una necesidad.
Añado una recomendación: el libro “Lecciones de poesía para niños inquietos” de Luis García Montero y este vídeo en el que Sara Iglesias, de Entre Lecturas nos canta y cuenta “Érase una vez Luna lunera”, un excelente título para este viaje iniciático.
.

Lectura en tiempos de crisis

9 Ene

burbuja.info

Estoy releyendo un magnífico libro de Michêle Petit llamado “El arte del a lectura en tiempos de crisis”.
También un esperanzador artículo que habla del incremento del número de visitas y usuarios  en las bibliotecas españolas . Los índices de lectura crecen  y la industria editorial se mantiene en estos años de recesión económica gracias a la proliferación de títulos dirigidos a los lectores más jóvenes.

Los españoles pasamos más horas leyendo ( y viendo la tele) , y achacamos  a la crisis cierta responsabilidad en  este aumento de los índices lectores: la lectura se presenta como una alternativa de ocio de bajo coste y  en los tiempos que corren, es un buen argumento.

Pero no nos quedemos en las meras estadísticas y reflexionemos sobre las distintas razones que nos acercan a la lectura : crisis personales que encuentran su refugio entre las páginas de un libro, problemas existenciales que se ven iluminados por la lectura de un párrafo concreto , relatos de ritmo trepidante que simplemente nos ayudan a olvidar los problemas que nos acucian en un momento determinado de nuestra vida. “Novelas de amor y lujo” me pedía una usuaria el otro día para superar las estrecheces económicas por las que atravesaba.

El libro es siempre un refugio en los tiempos difíciles, es tabla de náufrago a la que agarrarse cuando uno lo necesita , es puente de huída de una realidad que queremos dejar atrás. Y la literatura es también espejo que refleja el mundo en que vivimos , permitiéndonos ese distanciamiento mínimo que nos ayuda a comprender.
Se están reeditando títulos como “Las uvas de la ira” de John Steinbeck, de una rabiosa actualidad a pesar de los años trascurridos desde su publicación, se escriben poemas que hablan de paro y  desencanto, se publican ensayos que tratan de encontrar razones a las que agarrarnos para seguir luchando, y al mismo tiempo, están multiplicándose los libros de “humor cotidiano”, que ayudan a desdramatizar y aportan optimismo a nuestras vidas.

Leemos, leemos y acudimos a las bibliotecas para ver la prensa, sacar libros, conectarnos a internet y seguir formando parte de la sociedad activa a pesar de figurar en las listas de los desempleados.

Leemos porque los libros son hospitalarios, están siempre al alcance de la mano y, sobre todo, porque creemos en la fuerza de la literatura frente a la fatalidad.

Como le dijo un niño rescatado de la guerrilla colombiana a Michêle Petit :
“ Tener un libro que poder leer es como si afuera estuviera lloviendo y tú sabes que no te vas a mojar”.


Perdonad si me repito, pero no puedo resistirme a compartir una nueva constelación literaria de Guadalupe Jover, “FRENTE A LA ADVERSIDAD”, nos viene al pelo.

Día de la Biblioteca

22 Oct

TORTUGAS GIGANTES DE BIBLIOTECA

Jacek Yerka

Recuerdo que una vez me contaron una historia preciosa.
Trataba sobre una persona que llevaba a cuestas una biblioteca. Con su fardo cargado de libros iba a todos aquellos lugares a los que solo había llegado la pobreza, los desastres o las guerras. Repartía libros entre los jóvenes y los niños, y entre los más mayores. Y se quedaba una temporada para que todos tuvieran tiempo de leer sus historias. Así los niños podían soñar con patas de palo y polvo de hadas, alas de mosca y agua de luna; los jóvenes con amores y desamores, con cometas en el aire; los mayores, con otros cielos, otras vidas, otras tierras, con el frágil hilo que une los sueños a la esperanza.
Qué hermosa idea la de poder llegar con una biblioteca a todas partes. Una biblioteca ambulante. Porque una biblioteca se puede llevar en una maleta, en una bicicleta, en unas alforjas o en el fondo del zurrón. Incluso ahora, con los tiempos que corren, hasta en la palma de la mano. O en el bolsillo del pantalón. Qué bella idea la de transportar tu propia biblioteca, y acceder a su contenido bajo la sombra de una encina.
Les revelaré algo que muy pocos saben: las tortugas gigantes son auténticas bibliotecas ambulantes. Me refiero a las tortugas gigantes del Pacífico, las que llegan siempre tarde a todo lo que acontece. Y es que son tan pesadas, es tan lento su caminar, que cuando consiguen llegar ha pasado todo y ya no ocurre nada. Si quieren enterarse de algo han de pedir que les cuenten lo ocurrido. Las tortugas gigantes guardan todas las historias dentro de su caparazón y, al ser tan longevas, mantienen viva la memoria de las islas. Nada queda en el olvido.
En las bibliotecas – ya se lleven en un zurrón, en un caparazón o en una maleta, ya sean estables o ambulantes-, el tiempo parece detenerse. En su interior, las personas deambulan de acá para allá, sin bullicio, cuidadosas. En ocasiones hasta se puede escuchar el murmullo de las palabras volando entre los estantes.
Al entrar en una biblioteca nos transformamos en tortugas gigantes. Tortugas gigantes de bibliotecas. Miramos, buscamos, deseamos comer higos chumbos. Caminamos despacio apartando las prisas. Preguntamos, escuchamos, agradecemos, encontramos, acariciamos con el índice los lomos, tocamos, abrimos. Una lágrima resbala por nuestra mejilla y se detiene en los labios.

Leemos:
“ Con su fardo en el hombro recorría los estrechos senderos por los que casi nadie caminaba. Llegaba así con los libros de su particular biblioteca a las alquerías más alejadas, a los cortijos y poblachos de las sierras, perdidos en el tiempo. Y en boca de todos estaba siempre aquella persona cargada de historias y sueños, portadora de esperanza,”
En las bibliotecas descubrimos, aprendemos, nos informamos, sentimos. Vivimos otras vidas. Imaginamos que somos tortugas gigantes. Que guardamos bajo nuestro caparazón las historias que nos han contado, los libros que hemos leído y los libros que soñamos algún día poder leer.
Somos auténticas bibliotecas ambulantes… y esa lágrima sabe a mar.
Pilar López Ávila

A %d blogueros les gusta esto: