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El principito: viaje al centro del corazón

3 Jun

Este año celebramos en las Bibliotecas Municipales de Málaga el 75 aniversario de la publicación de “El principito” con un taller dirigido a adolescentes de los centros educativos de la ciudad.

Confieso que me acerqué de nuevo al libro con una cierta precaución, temiendo por un lado que la lectura adulta del mismo me desilusionara, y por otro, que hubiera quedado obsoleto como ha ocurrido con otros títulos leídos en mi infancia. Por suerte, esta lectura hecha a la luz de la experiencia me ha resultado tremendamente placentera y permitido descubrir, ahora sí, la profundidad de su mensaje.

“El principito”, escrito e ilustrado por Antoine de Saint- Exupéry durante una estancia en Nueva York, nos habla de un viaje, de un camino que todos recorremos y que nos lleva desde la infancia a la madurez. Un camino que nos obliga a dejar parte del equipaje y a reflexionar sobre aquellas cosas realmente importantes que debemos llevar en la maleta.

El pequeño príncipe mira el mundo de los adultos con ojos de asombro, sin entender lo absurdo del comportamiento humano, los afanes que mueven a los mayores y que, desde la sabia perspectiva de la infancia, carecen de sentido.

Hay mucho del autor en estas páginas: la referencia al desierto y el accidente que llevó a Saint Exúpery al borde de la muerte; la rosa, reflejando la compleja relación que mantuvo con su esposa Consuelo Suncín y sobre todo, la actitud vital de un hombre que vivió siempre al límite su pasión de volar, y que quizá por ello, supo distinguir lo esencial de lo superfluo y poner en boca de sus personajes frases que nos hace pensar.

Las adicciones, el trabajo alienante, el afán de poder o dinero no son por desgracia lacras de otros tiempos, están presentes en la sociedad actual, con otras caretas y otras formas, pero igualmente tristes. Los chicos han sabido descubrir las conexiones que tiene esta historia con su propia vida, reflexionar sobre la vanidad que hay en las redes sociales, la prisa que marca nuestro día a día y la fragilidad de las relaciones humanas.

Quizá debamos  los adultos volver a leer “El Principito” como han hecho los chicos y rescatar al niño que fuimos, recordar el placer de descubrir, amar sin condiciones, buscar tiempo para la amistad y reír como hace nuestro protagonista.

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