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Leer con los hijos: placer compartido

25 Ene
Noemí Villamouza

Noemí Villamouza

A mí me gusta leer el poema del Mío Cid” fue la sorprendente respuesta de una niña de nueve años cuando le pregunté sobre sus preferencias lectoras. En un mundo en el que triunfan las princesas o los libros de Gerónimo Stillton, la respuesta de esta pequeña me dejó fuera de juego. “Es que lo leo con mi padre” – continuó diciéndome orgullosa.

La duda quedó despejada de inmediato: leer con los padres sigue siendo un recurso insustituible para la construcción del lector. Con la lectura regalamos también nuestro tiempo y nuestra atención en una época dominada por las prisas. Los chicos valoran ese paréntesis en el que saben que cuentan con la dedicación absoluta de sus padres  asociando de forma automática la lectura al placer.

Recuerdo hace muchos años la confesión de una lectora que se sentía atraída irremediablemente por las revistas de mecánica: su padre era camionero y viajaba continuamente. “Cuando llegaba a casa” – confesaba- “me sentaba en sus rodillas y mirábamos juntos esas páginas plagadas de instrucciones incomprensibles para mí pero que me regalaban ese momento de quietud y cariño que me resultaban tan preciosos”.

Compartir lecturas con los hijos, ir juntos al teatro  o participar activamente en las actividades que se organizan para las familias en torno a los libros en museos y bibliotecas  hacen más por el futuro lector de cualquier país que la mejor de las campañas.

Es en la familia donde se tiene el primer contacto con los libros y en esa lectura no hay otra finalidad que la del placer: leemos porque queremos hacerlo, porque nos gusta compartir esas historias con los pequeños y aparcar por un momento el vértigo de las obligaciones diarias.

La lectura, una vez que se incorporan al sistema escolar y por muy atractiva que se presente dentro de las aulas, es una lectura utilitaria, evaluable y en muchos casos obligatoria. La gratuidad de los encuentros lectores en familia ha desaparecido y quien no ha tenido ese primer contacto con los libros dentro del hogar ha perdido una oportunidad única de construir su andamiaje lector desde el placer. Es cierto que hay muchos lectores que descubrieron el goce de la lectura a otras edades, pero en la mayoría de los casos existe un mediador (profesor, compañero, amor) que fue capaz de contagiar el deseo de leer un libro determinado y es su entusiasmo, y el cariño y admiración que por esa persona sintieron, los que provocaron el acercamiento al texto.

Muchas son las anécdotas que tengo en la mochila que confirman esa necesidad de vincular los afectos y la lectura. En los primeros años es sencillo provocar encuentros si son deseados por los padres y por los hijos, e insisto, ha de ser placentero también para los adultos que han de entenderlos como un regalo  mutuo. Quizá es más complejo cuando llegan a la adolescencia donde los vínculos se establecen con enorme fuerza entre iguales debilitándose los lazos familiares, pero tal vez podamos animarnos a leer alguno de los títulos por ellos elegidos y comentarlos juntos, bucear entre sus páginas y descubrir a nuestros hijos,  adolescentes en busca de espejo, reflejados en ellos.

En numerosos centros educativos están proliferando los clubes de lectura familiares y con un excelente resultado. También  acompañarlos en sus lecturas obligatorias puede ser una buena estrategia para hacerlas más livianas y seguir afianzando los lazos de cariño.

Leer antes de leer: libros de 0-3 años

6 Sep

DSCN0065«La lectura es una actividad física además de cognitiva, un proceso lúdico de negociación, imaginación, orquestación, interpretación y experimentación en el que se utilizan estrategias visuales de observación, búsqueda, exploración, planteamiento de hipótesis, comparación y etiquetado. ¡Cualquier cosa menos la pasividad!»
                                                                                                                                                                                                 M. Mackey

Me gusta ver a un niño muy pequeño con un libro en las manos y observar cómo se inicia en la lectura palpando, mirando, oliendo, experimentando. No sabe descifrar el código escrito pero está dispuesto a descubrir lo que un libro puede ofrecerle con todos los sentidos en alerta  convirtiendo esa “lectura”  en una experiencia gozosa y personalísima que intuye cargada de promesas.

Debemos poner un libro en las manos de un niño desde el momento en que puedan manipularlo, un libro en su formato tradicional, con hojas que pasar e ilustraciones que provoquen su sorpresa en cada página. Blandos o de tapa dura, con solapas y texturas, sonidos y desplegables, pero sobre todo, con nosotros. Nosotros: padres, responsables de las guarderías, abuelos, hermanos. Nosotros: el puente que facilita y acompaña en este primer contacto con el libro fortaleciendo el placer de la actividad lectora con una carga afectiva que vinculará ya para siempre este objeto con el cariño.

Los primeros libros les ayudan con sus ilustraciones a nombrar. Imaginarios que permiten ampliar su vocabulario e ir desarrollando la capacidad de atención. En un mundo en el que todo les resulta una novedad, debemos aprovechar su curiosidad ( por el propio cuerpo, las emociones, la familia…) para iniciarlos en el universo lector  y ayudarles en el proceso jugando con ellos a identificar y reconocer en las ilustraciones actividades que forman parte de su vida diaria : comer, el aseo, la hora de dormir. El libro como espejo desde el primer momento.

Crece su mundo y crece también su curiosidad por todo aquello que ocurre más allá de las puertas de la casa: el primer día del cole, los animales, las calles. Los libros se “hacen grandes” con ellos y les ayudan a aprender cosas sobre ese mundo que estrenan. Es el momento de elegir libros de conocimiento que les posibiliten un aprendizaje lúdico y sorpresivo eligiendo para ello material de calidad, muy visual y que les animen a experimentar por sí mismos con las formas, los colores y las texturas. Recorrer con los dedos triángulos y círculos, letras y números para apropiarse también con las manos de las palabras.

Libros para manipular, libros para aprender y álbumes ilustrados con los que adentrarse en la narrativa. Los pequeños realizan la lectura de imágenes de forma natural;  desde los primeros meses son capaces de reconocer rostros y emociones y no necesitan nada más  para desentrañar  las imágenes. Nos corresponde a nosotros, los mediadores, dar voz a esas ilustraciones y descubrirles otra manera de contar las historias. Siempre con el libro en la mano, les mostraremos las imágenes e iremos leyendo o narrando el texto guiándolos por los entresijos de las historias y facilitándoles su posterior desarrollo como lectores autónomos. Nos detendremos en las distintas páginas provocando una observación minuciosa que desencadene el diálogo con el pequeño. Con el simple gesto de compartir un álbum los estamos adentrando en el mundo literario y acompañándolos en el descubrimiento de los personajes, los escenarios, el funcionamiento de las estructuras narrativas y sobre todo, en los infinitos caminos que nos abre la literatura.

No perdamos tiempo, cada minuto es preciso y precioso, démosle un libro a nuestro pequeño.

En el regazo de un libro: fomento de la lectura en los hogares

1 Sep

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Este taller lleva en mi maleta muchos años consciente de que la implicación de las familias en el crecimiento lector de sus hijos no es una opción, es una necesidad.

Aquí encontraréis una presentación con los contenidos y objetivos del taller.

Nacer a la luz y a la lectura

6 Jul

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“Nací a la luz y a la lectura, que es otra forma de nacer, en Málaga”. Con estas palabras se refiere el sevillano Vicente Aleixandre a su infancia en la “Ciudad del Paraíso” y me sumo a sus palabras convencida de que así debería ser el nacimiento, simultáneamente ver la luz y encontrarnos con los libros, con las palabras que dan forma a ese mundo al que acabamos de llegar. Imprescindible que les descubramos cuanto antes que las palabras habitan en los libros, que los acostumbremos al gesto de abrir un cuento y dejar que las historias broten de sus páginas porque así multiplicarán sus vidas y el mundo resultará un lugar más interesante.

Creo que en más de una ocasión en este blog he hablado de lo complicado que resulta concienciar a los padre de la necesidad de su implicación en la formación lectora de sus hijos, y si nos referimos a hijos menores de tres años, es una cuestión que no llega siquiera a plantearse. Sin embargo, estamos perdiendo un tiempo precioso que proyectos como el de “Nascut per llegir” en España y otros similares en  Italia o Chile han tratado de paliar trabajando con los padres durante el embarazo y prolongando el acompañamiento de la familia lectora durante los primeros meses de vida del pequeño.

El libro “Neuroeducación” de Francisco Mora me ha reafirmado en la necesidad de no perder ni un solo minuto en este tema. La plasticidad del cerebro humano en los primeros meses de vida y su desarrollo en los primeros años es determinante. Como bien explica el autor con el símil de la cadena de montaje, hay habilidades que el niño ha de adquirir en un momento determinado de su vida, y, que de no hacerlo en ese instante, producirá ya una carencia que arrastrará  a lo largo de su existencia. Estar en contacto con las palabras, contar con estímulos visuales y auditivos y tener la posibilidad de manipular y experimentar con los objetos desde la más temprana edad ayuda al niño a desarrollar conexiones neuronales y multiplicar sus habilidades, minimizando así sus dificultades de aprendizaje.

El hemisferio derecho es el creador, el que genera músicas, ritmos, imágenes; el hemisferio izquierdo es el analítico, el del lenguaje, la lógica y las matemáticas. Entre ambos hemisferios existe un continuo intercambio de información que permite una actuación global y que se  ve potenciada si está vinculado a la emoción. Volviendo al tema de la lectura, al poner al niño desde muy temprana edad en contacto con libros repletos de imágenes, con pestañas que se abren y sorprenden con texturas y colores, que permiten la manipulación y a los que damos voz contando historias cotidianas que el pequeño puede reconocer, estamos despertando su interés y contribuyendo a su formación lectora. Si al libro sumamos el poder de los afectos, de la cercanía de esa lectura de regazo, el poder educador de ese encuentro se multiplica.

La curiosidad está también en la base del aprendizaje, y nada hay más curioso que un niño o una niña que está estrenando mundo. Dejémosle que experimenten con el objeto libro, que se adentren en el mundo fantástico de las palabas, que imiten nuestros gestos de pasar la página porque también de este modo están adquiriendo el hábito lector. Intentemos que la lectura y el juego estén unidos porque así será siempre en su recuerdo una actividad placentera. Provoquemos la risa con las retahílas, las canciones y los versos. Sorprendamos, emocionemos, leamos. Disfrutemos del tiempo sin tiempo de la infancia y abandonémonos con nuestros hijos al placer infinito de adentrarnos en esos mundos de papel, conscientes del valor inigualable de ese momento.

No lo aplacemos más, si nuestro hijo o hija  ha nacido a la luz que nazca sin demora también a la lectura.

Construyendo lectores : familia y escuela

12 Mar

monica familiaConfieso que este año recibí con enorme entusiasmo el hecho de que se hubiera implantado el programa de “Familias Lectoras” en muchos centros de enseñanza de Andalucía. Me gustaba que ese proyecto, que se inició en el “Congreso de Familias Lectoras” en Granada y al que se le dio continuidad con la “Colección Familias Lectoras”, se plasmara en actuaciones concretas en las que familia y escuela caminaran de la mano.

El hecho de darle existencia formal al programa era necesario; por un lado porque es una manera de reconocer oficialmente el esfuerzo de muchos docentes que se implican más allá de sus horarios y obligaciones en fomentar el hábito lector, por otro porque esa formalidad permite una mínima dotación de fondos para acciones formativas y porque contribuye a la creación de una comunidad que intercambia material, comparte experiencias y se siente acompañada virtualmente en las plataformas de BECREA.

Un elemento innovador  que dota al proyecto de una enorme fuerza es la participación en un plano de igualdad de familias y docentes. Las acciones formativas se abrieron desde el primer momento a la participación de las familias. Aprender y hacerlo juntos con el objetivo común de fomentar el placer de la lectura entre los más jóvenes: encuentros con autores, talleres, narraciones  y representaciones teatrales en los que familias y docentes puedan asistir como compañeros.

Es cierto que será el centro escolar el que marque en un primer momento las actuaciones y que es responsabilidad de los docentes concienciar, informar y formar a esos padres que se enfrentan a la tarea , en el mejor de los casos, con mucha ilusión y pocos recursos. Pero a medida que estas familias crezcan y se impliquen debemos darle mayor autonomía y participación  en las actividades que se organicen en la BE alentando  las iniciativas que nos propongan de forma espontánea y contando, como elemento imprescindible en esta andadura, con los abuelos.

Si hay un punto en el que tenemos que insistir es en el carácter placentero de esa lectura en familia, desligarlo de esas otras lecturas obligatoria que los chicos tendrán que hacer en la casa como refuerzo a las tareas escolares y en las que también tendrán que acompañarlos como padres. El contrato lector, bien intencionado en cuanto al compromiso, puede dar lugar a confusión y provocar justo el efecto contrario del que se pretendemos. Recuerdo una madre que me comentaba orgullosa que no dejaba que su hijo se durmiera “sin que hubiera leído al menos  una hora, aunque estemos dando cabezadas”…errores como el de esta bienintencionada y sufridora  madre son los que debemos evitar dejando muy claro que nuestro compromiso habrá de ser con el placer y los  afectos utilizando el libro como excusa.

Leer y hacerlo juntos, divertirnos, comentar nuestras impresiones y sentir que el premio, el mejor premio, es el de la lectura compartida.

Os dejo el enlace a uno del blog “La manzana lectora” en el que las buenas ideas y el entusiasmo están comenzando a dar su fruto.

La Padreteca

17 Mar

La padreteca¿Te imaginas poder cambiar de padre cada día?. Eso es lo que hace Jaime, nuestro protagonista, que cansado de su desastroso progenitor decide acudir a la Padreteca, un lugar donde se pueden pedir prestados  padres de todo tipo: organizados, listos, complacientes…..

Jaime está ilusionado, es estupendo tener padres que siempre tengan llena la nevera, sepan arreglar cosas y ayuden a hacer los deberes. Su padre tiene realmente muchos fallos, es un padre normal, pero siempre le abraza cuando tiene pesadillas. Jaime descubre que es el mejor padre del mundo.

Un libro con mucho humor en el que adultos y niños pueden reconocerse . Un juego de absurdos que invita a la reflexión y con el que aprenderemos a valorar el enorme esfuerzo que supone la tarea de ser padres.
Para leer juntos y comentar.

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