Archivo | marzo, 2020

Lecturas contra el coronavirus

24 Mar

Corren tiempos difíciles, la humanidad se enfrenta a una amenaza ante a la que se siente indefensa y no le queda más remedio que confiar en que las medidas de aislamiento y el buen hacer de los sanitarios nos mantengan a salvo. La pandemia nos ha aislado del mundo y confinado a un espacio familiar, más íntimo y reducido, en el que tendremos que aprender a hacer nido de nuevo. Y es grato estar en el nido, pero a menudo sentimos  que nuestras alas están atadas y nos asomamos a la ventana (la real y la virtual) con nostalgia de ese mundo que está más allá. Añoramos poder sumergirnos en ese mar que asoma por la terraza, el  abrazar a aquellos con los que hablamos por Skype  o compartir un brindis  en la barra de algún bar: pero  hay un cristal sanitario que nos separa de todo eso.

Solo los libros, los buenos libros,  son capaces de eliminar esas barreras. No hay límite entre ficción y realidad, hay  textos que consiguen hacernos olvidar nuestro presente y  entrar a formar parte de otra historia, que no es nuestra pero que la convertimos en  nuestra, acompasando el paso y el corazón al ritmo que marca la lectura. No hay límites en ese vuelo, atravesamos en sus hojas los países y los siglos, las barreras de idiomas y los ambientes sociales. Podemos cumplir años o vernos arrastrados de nuevo  a la edad de la inocencia,  y todo, con el simple gesto de pasar una página. Las editoriales lo saben y han empezado a ceder de forma altruista sus últimas novedades conscientes del inestimable valor del libro en estas circunstancias.

En este parón forzoso hemos recuperado el tiempo para la lectura, desplazada a un segundo plano por el vértigo diario, y puesta en primera fila como medio para combatir el aislamiento. Al lado de las clases virtuales de yoga o bricolaje , de músicas en directo y aplausos en las ventanas, los clubes de lectura en la red, las presentaciones on line de libros y las vídeo recomendaciones van proliferando y , me ilusiona pensar,  se está construyendo una red lectora que puede transformar este encierro en una oportunidad de leer por fin  esos libros eternamente aplazados y , lo más importante, propiciar también el encuentro humano con otros lectores.

Poemas compartidos para celebrar el Día de la Poesía anunciando esa primavera que ha llegado aunque no la hayamos recibido con la alegría de otros años.  Narradores que comparten generosos sus historias y alegran el encierro de los niños transportándolos durante unos minutos a mundos sin paredes. Cadenas de recomendaciones que van creando lazos y descubriendo nuevos títulos, etiquetas en redes sociales y fotografías con textos que nos han hecho vibrar. Bibliotecas que siguen acogiendo a sus usuarios con originales concursos que les hacen sentir que no están solos.

Padres que leen a sus hijos, abuelos que emulan a Gianni Rodari y que aprovecha la charla telefónica para compartir cuentos. Historias incompletas en la red que invitan, al modo de los antiguos seriales, a elegir cómo continuará el relato junto a propuestas creativas de la mano de la Fundación Rafaél Pérez Estrada.

Siempre envidié esos tiempos en los que los lectores de cualquier lugar se sentían hermanados por las lecturas comunes, por  ese canon literario que  incorporaban  a su bagaje y  en muchos casos también a su equipaje. Los lectores se reconocían y tendían puentes entre ellos con las palabras de los autores que admiraban. El hecho de ser lectores los unía.

Quizá este parón nos permita emular a esos viajeros románticos y logremos estrechar lazos entre los que amamos la lectura. Creemos cadenas lectoras, recomendemos, prestemos compartamos pasiones…al fin y al cabo, la pasión es lo que mueve el mundo. No dejemos que el mundo se pare aunque nos toque quedarnos  en casa.

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