Palabras para viajar en coche

14 Ago

Oliver Flores

En estos días de  vacaciones confieso que tengo algo revuelta la nostalgia y añoro incluso los tediosos viajes en coche con los que se iniciaban los  veraneos de mi  infancia. Nos levantábamos temprano para evitar las horas de calor y después de organizar  un turno riguroso de ventanilla comenzábamos, apretujados como sardinas en lata, un trayecto  que entonces nos parecía interminable.  Las carreteras eran malas, las curvas muchas  y el aire acondicionado no existía en nuestro Opel Kadett, una especie de furgón funerario en el que conseguíamos meternos los seis hermanos. Perfectamente sincronizada con el arranque del motor, la preguntaba  : ¿cuánto falta? , se escuchaba nítida e impertinente para desesperación de mis progenitores.

Mi madre era una mujer de recursos, inmediatamente comenzaba con el juego del “Veo veo” con el que conseguía entretenernos durante un tiempo y a ese le seguía  “De la Habana ha venido un barco cargado  de ….”  que desencadenaba una avalancha de palabras  en la que todos aportábamos nuestro grano de arena. Después venían los concursos de trabalenguas, de adivinanzas,  refranes y  versos. Siempre ha sido mi madre una magnífica recitadora y nos gustaba escucharla y aprender, casi sin darnos cuenta, esos poemas que nos decía con sentimiento y que memorizábamos con verdadero placer.

Entre las miles de cosas que llevaba en su  bolso de viaje siempre había un pequeño diccionario que abría al azar, animándonos a inventar definiciones para esas extrañas palabras cuyo significado desconocíamos al tiempo que nos educaba en el arte de la concreción. Inventar y después comprobar el significado real del vocablo enriquecía nuestro léxico con palabras insólitas para nuestros pocos años.

También las canciones nos acompañaban en estos viajes; ante la amenaza de mareo, cantábamos. Cantábamos a pleno pulmón y con mal oído, desde Serrat a Estrellita Castro, zarzuelas y  canciones de Cecilia, himnos, coplillas de corro o melodías de “Los tres sudamericanos”…todo cabía en este repertorio desafinado que sintonizábamos sin necesidad de dial y que aunaba corazones y generaciones.

Mi padre era el responsable de contar las historias, historias en las que los hermanos éramos los protagonistas y  en las que la tensión aumentaba en cada vuelta del camino esperando la aparición de Don Blas, el malvado de todas sus tramas, al que conseguíamos derrotar en cada ocasión. A veces la narración se detenía y el elegido tenía que continuar el hilo, razón que nos animaba a prestar atención y tener nuestra imaginación engrasada para no defraudar a los compañeros de viaje.

Así comenzaban nuestras vacaciones  y así lo repetimos con nuestros hijos: juegos sencillos con los que educábamos en la escucha, tejíamos historias y engrosábamos el vocabulario con palabras nuevas. Tiempo compartido y disfrutado.

Ahora los coches son mucho más cómodos, no hay que levantarse al alba y  las curvas no existen en las  autopistas. Los más pequeños van conectados a  pantallas en las que  ver sus dibujos y los adolescentes llevan incorporados auriculares que los aíslan del mundo impidiendo cualquier conversación. Incluso la radio ha dejado de tener sentido en estos viajes en los que cada uno tiene su propia pantalla a la que asomarse.

Lo siento, pero creo que tengo motivos para la añoranza.

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2 comentarios to “Palabras para viajar en coche”

  1. Andrea Vinci agosto 16, 2017 a 12:37 pm #

    ¡¡qué bonita entrada!! Y sí, tienes razón. Tenemos motivos para la añoranza.

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