Archivo | septiembre, 2016

Leer en clase: consejos para docentes

17 Sep
cecile-mancion

Cecile Mancion

Hace unos años recibí alborozada la noticia de que se iba a establecer un tiempo de lectura obligatoria en los colegios; que las palabras lectura y obligación vayan unidas no es algo que me guste, pero pensé que podía ser una oportunidad para dar relevancia al hecho de leer, para compartir lecturas y comentarios y construir poco a poco esa deseable comunidad de lectores.

En algunos centros aprovecharon la obligatoriedad de la norma para animar a sus alumnos a que llevaran su libro favorito a clase y utilizaran esa hora para continuar con la lectura. Los profesores daban ejemplo  haciendo  otro tanto y convirtiéndose en modelos a imitar por sus alumnos. Ya he recogido en este blog alguna experiencia en este sentido. A veces convertir la lectura en un hecho extraordinario es tan simple como hacer que suene una campanita a lo largo de los pasillos anunciando  que se inicia un tiempo de lectura libre dentro de las paredes del colegio, sonido que puede escucharse en el momento más inesperado y que es recibido siempre con alborozo por parte de los alumnos.

Pero por desgracia, en otros centros de enseñanza,  los profesores aprovechan para corregir exámenes y  los alumnos para terminar tareas o centrarse en sus libros de texto rompiendo con el  espíritu lúdico  de esa propuesta de lectura. Me gusta pensar que son minoría y que la mayor parte de los docentes utilizan este tiempo para leer a sus alumnos: elegir un texto adecuado y darle forma es la mejor manera de crear afición por la lectura. A veces, un mismo libro es el  que acompaña a lo largo del curso a los alumnos, suspendiéndose su lectura diaria en un momento álgido de la narración. Otras veces es un poema, un relato corto o un fragmento que sirve como detonante del deseo y anima a los alumnos a interesarse por el título. En cualquier caso, es un momento  deseado por todos, una práctica  eficaz y sencilla que  podemos llevar a cabo en nuestra clase.

Conozco a una profesora de la universidad de Málaga, Isabel Borda Crespo, que lee a sus alumnos de magisterio diariamente un álbum ilustrado. Con este simple gesto está despertando entre ellos el gusto por un género que les va a resultar muy útil cuando ejerzan la docencia, y al mismo tiempo, les da a conocer una serie de títulos que podrán utilizar con sus futuros alumnos. Sé que están tremendamente agradecidos por esa lectura diaria.

¿Y a los adolescentes, nos atrevemos a leerles a ellos también?. Por supuesto, quizá son  los más necesitados de ese espacio de sosiego que se crea con la lectura en voz alta, rompiendo el ritmo vertiginoso que las nuevas tecnologías imprimen en su día a día. Mi experiencia es que escuchan con atención, que les gusta que  les lean y que debemos de aprovechar ese momento para animarlos a compartir sus propias lecturas. Recomiendo a menudo “El libro de los abrazos” de Eduardo Galeano  y el de “Ajuar funerario” de Fernando Iwasaki, recopilación de relatos cortos en los que el humor y lo macabro van de la mano y que por su brevedad se adapta a los   escasos tiempos que permiten las apretadas programaciones.

Os animo a que leáis a diario a vuestros alumnos a lo largo de este curso, que recuperéis esa vieja práctica,  estoy convencida de que esta buena rutina dará sus frutos.

Anuncios
A %d blogueros les gusta esto: