Archivo | enero, 2015

Lectura hospitalaria: la literatura como trinchera

9 Ene

Libros refugio Sublima Comunicación533878_384372378262223_195805243785605_1220264_257116628_nHe comenzado el año entrando y saliendo del hospital. La sala de urgencias, abarrotada a cualquier hora, está poblada de personas enfermas y angustiadas que anhelan una información y atención que tarda más de lo deseado. Yo soy una de esas personas, pero tengo en mi pesado bolso un valioso remedio que me permitirá sobrellevar la espera sin desesperar: libros.

Son textos escogidos con prisa y que tenía pendientes por una u otra causa: “José Mª Hinojosa: Entre dos luces” sobre el poeta malagueño de la Generación del 27, “Donde se guardan los libros” , de Jesús Marchamalo, un recorrido por las bibliotecas de distintos escritores que me ha permitido desde las páginas poner en práctica una de mis aficiones favoritas: curiosear en las estanterías ajenas, y un tercer libro , “Al sur de la Alameda: Diario de una toma”, novela juvenil ilustrada que causa furor en las redes lectoras y que trata de la revuelta estudiantil chilena del 2006, obra que me ha sorprendido por su frescura y la fuerza de sus imágenes.

Al margen de la diversidad temática y estilística, todos y cada uno de ellos han cumplido a la perfección con su cometido: protegerme contra la realidad. Las páginas me han servido de trinchera y me han puesto a salvo durante unas horas de mi propia angustia y del sufrimiento ( y  los gritos y la mala educación en algún caso) de las gentes que me rodean. Los tiempos de espera se diluyen y se funden con el tiempo marcado por las páginas y descubro casi con sorpresa que es de nuevo la hora de visita.

Frente al indiscutible valor de la ficción para situarnos ante la propia realidad, valoro en estos días la posibilidad que me brinda la literatura de escapar de un presente doloroso con una eficacia que solo puedo comparar a la compañía de aquellos que me quieren. Los libros me han protegido del ruido externo y del ruido de mis propios pensamientos, me han acogido entre sus páginas y me han hecho sentir segura por un rato. La estructura ordenada de las narraciones han roto con el caos que me cerca y he conseguido sin habérmelo propuesto recuperar el placer de la lectura en papel, sin enlaces, sin información desplegable ni distracciones de ningún tipo, una lectura marcada por las palabras, organizadas en líneas, párrafos y capítulos que mantienen su estructura inmutables. También esa firmeza me ha ayudado a ponerme a salvo.

Sí, estoy convencida, la literatura nos protege.

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