Archivo | mayo, 2013

Poeta ante el espejo: Waldo Leyva

14 May

Una vez más el museo Picasso me ha hecho un regalo de palabras . Eran palabras marcadas por el acento de otras tierras pero con el alma sin fronteras de la poesía.

Waldo Leyvwaldoa es el nombre del poeta que vino a contarnos el porqué de su escritura y lo que se escondía detrás de cada verso. Lo hizo con voz clara , con mirada penetrante y firme, con dulzura al mismo tiempo…siempre suenan mejor las palabras en la boca que las sueña.

Mucha gente habitaba entre sus líneas : su mujer, figura cómplice e inspiradora, los amigos, los presentes y los que ya no están,  el propio autor reflejado en los espejos, en las cosas que han sido y dejaron de ser, en las promesas que aún tienen los años.

Waldo Leyva es un poeta que escribe para eludir el olvido, que maneja la memoria y la embellece, que construye sin duda un mundo más hermoso cada día.

Un placer abandonarse a su lectura, un placer reencontrarme con sus versos en la pantalla y compartirlos en este espacio. Disfrutadlos.

Breve antología del tiempo

Ahí está en el espejo
un rostro: el mío;
queda un poco de asombro,
algo de infancia,
y una terca pasión
por la esperanza.
¿Cuál es la edad
que hay en mis ojos?
¿Cómo medir los años
de un hombre
que ha vivido
entregado al futuro?

WALDO LEYVA, Breve antología del tiempo, Cuadernos del Vigía, Granada, 2008, 74 págs., selección de Fernando Valverde

Monólogo final

La oscuridad tiene tu olor,
mi olor,
y ese otro perfume
que nace de la piel
cuando se juntan nuestros cuerpos.
Cierra los ojos.
Toca mi cara.
Tus dedos borrarán la sombra,
no importa que sea de noche,
no importa que desconozcas
el rostro que tendré al amanecer.
Cada segundo puede ser toda la vida.
Mañana mi piel estará seca,
o deshecha en el aire
o será un verde germinal, un rojo efímero;
pero ahora las yemas de tus dedos
tienen toda la luz.
Perdono al porvenir.
Las trampas que he tendido
tienen la misma inocencia
del juego de la alquimia.
Para el hombre no existe otro destino
que el manantial inédito.
Toca mi rostro,
sálvalo en la memoria de tus manos.

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