Constelaciones literarias

6 Nov

Los libros de mi biblioteca guardan un anárquico orden. A pesar de mi formación bibliotecaria, la organización de mis estanterías obedece a criterios personalísimos no sometidos a ningún sistema consensuado de clasificación. Unas veces comparten espacio porque fueron leídos en una etapa determinada de mi vida pero, en otras ocasiones, el vínculo es  más sutil, en la misma medida que sutil es el hilo con el que encadenamos nuestras lecturas.

 Porque los libros nunca vienen solos. Un título determinado abre una multiplicidad de itinerarios lectores que no están marcados de antemano y que son diferentes para cada uno de nosotros. Recuerdo que, tras la lectura de “Vagabundo en África” de Javier Reverte, no pude dejar de leer “El corazón de las tinieblas”, de  Joseph Conrad,  y que esta lectura acabó desembocando en una revisión  nostálgica de las obras de Jack London, en una vieja colección de cubierta entelada en rojo que perteneció a mi padre. Benedetti me lleva a Idea Vilariño y esta acaba  irremediablemente en  un cuento de Carlos Onetti que me incita, sin saber muy bien por qué, a buscar un poema en la red de Alfonsina Storni titulado “Capricho”. Juanita la larga puede hermanarse con un libro de recetas de dulces tradicionales y una novela ambientada en el Madrid  del Dos de Mayo, empujarme a leer la biografía de Francisco de Goya.

A la hora de colocarlos en la estantería, ese vínculo permanece vivo y me permite localizar cualquier título en mis anaqueles. No sé si los años o la pérdida de memoria me harán lamentar este sistema pero, por ahora, me recreo en esas afinidades que sólo yo conozco.

Guadalupe Jover es una  docente convencida de la necesidad de provocar un cambio en la educación literaria de los alumnos, fomentando el diálogo, vinculando la literatura con sus experiencias vitales y provocando el deseo de leer a partir de  una cuidada  selección de textos que, a modo de trailers, generan la curiosidad del alumno.

En  su libro “Sentirse raro: miradas sobre la adolescencia” utiliza la metáfora de las constelaciones literarias para  ilustrar el modo en que, de manera análoga a como se ha hecho con las estrellas del firmamento, se puede también establecer vínculos entre unas obras y otras, por lejanas que estén en el espacio o en el tiempo.

Con el tema de la adolescencia como hilo conductor, propone la lectura de diferentes títulos (Hoyos, El diario de Ana Frank, El anillo de Irina…) y  los  acompaña, con la generosidad que prima en el mundo educativo, de un protocolo de actuación completísimo que facilitará la labor de muchos profesores y que se puede descargar íntegramente  en el enlace.

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2 comentarios to “Constelaciones literarias”

  1. L.P. noviembre 6, 2011 a 4:54 pm #

    Rocío, es verdad que unas lecturas llevan a otras y la manera de ordenar nuestra biblioteca le puede parecer a cualquiera un poco anárquica (al menos la mía) que no consigo hacerla por autor ni orden alfabético, sí más bien por los que he leído y me gustan, los que me quiero leer y abajo van los que leeré si tengo tiempo. Hay un libro que me encantó sobre este tema, que se llama “Tocar los libros” de Jesús Marchamalo, es una joya, ahora ha publicado otro sobre las blibliotecas de los escritores, aunque imagino que lo conocerás.

    Un abrazo
    Loli Pérez

    • Rocio Anton Cortes noviembre 6, 2011 a 9:10 pm #

      Muchas gracias por la recomendación, Loli, no lo conocía y viniendo de tu mano, y con ese título tan sugerente, seguro que me va a encantar.
      Un abrazo

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