Así es mi corazón

4 May

así es mi corazón“Mi corazón es como una casita.

Dentro pasan muchas cosas…¡ y están todas revueltas!”

El corazón es un órgano cambiante,  no todos los días late al mismo ritmo o se ve coloreado por los mismos sentimientos. Así nos lo cuentan Jo Wetek y Christina Rossey en el álbum publicado por la editorial Bruño en la colección  Cubilete titulado  ”Así es mi corazón”.

Confieso que desconfío de los libros que muestran sin pudor su intención pedagógica, que nacen con el objetivo de enseñar a los más pequeños a identificar  las emociones o inculcar algún buen hábito. Suelen ser propuestas aburridas que  matan el placer de la lectura y que no gustan a los niños, sin embargo, este álbum me ha sorprendido con el  juego provocador de su diseño y la viveza de su protagonista, que a pesar de la simplicidad del trazo, es de una tremenda expresividad.

La cubierta es irresistible, con un corazón troquelado por el que asoman otros muchos en colores vivos que te seducen desde la primera mirada. Cada página presenta una emoción diferente , un color, una imagen y  un texto breve y poético en el que la metáfora es la estrella.

¿Tienen las emociones formas, colores, sabores?. Estamos convencidos de que sí, y también lo están los autores de este libro que nos proponen un juego de sinestesia en el que los niños participan con espontaneidad  aprendiendo  a expresar aquello que sienten siguiendo el hilo de los textos, observando las ilustraciones y desentrañando el estado de ánimo de nuestra protagonista.

Me gusta especialmente  la descripción de la tristeza : Cuando estoy triste, es como si un elefante gris gigante se colase en mi corazón. Ocupa mucho sitio y me aprieta tanto… ¡que se me escapan las lágrimas!”. Resulta muy sencillo identificarse con esta imagen y recordar algún momento en el que un elefante gris se coló en nuestro corazón….¿te atreves a contarlo?.

Si buscáis una historia con principio y final este no es vuestro libro. Si lo que pretendéis es un viaje hacia el centro del corazón con el juego como hilo conductor…¡¡¡no retraséis ni un minuto más el adentraros en este álbum!!!

Javier Reverte: viajes de papel

19 Mar

JavierReverte.0Soy viajera de corazón: me gustaría estar en perpetuo movimiento y visitar sin descanso distintos lugares del mundo con la única condición de tener un sitio al que regresar de vez en cuando. Así lo sueño y lamento que mis sueños sean mucho más amplios que mis realidades.

Javier Reverte me ayuda a equilibrar esta situación con sus libros. Con Reverte paseo las calles, converso con la gente y bailo al son de su música. No hay demasiados monumentos en sus páginas, pero todas y cada una de ellas están impregnadas por la vida: la que late en los mercados, en las mesas, en las plazas. Leer sus libros es conversar con un viejo amigo de su última escapada: anécdotas, historias con nombre propio que van dibujando sin esfuerzo esa geografía humana en la que los rasgos distintivos no los marca la raza, sino las costumbres, la forma de entender la vida o la bondad o dureza del clima.

Le gusta a Reverte contextualizar sus viajes hablando de ese pasado que configura el presente de un determinado pueblo, y lo hace de forma natural sin que tengamos la impresión de que hay didactismo  en sus palabras, sino la curiosidad del viajero que se adelanta al viaje de la misma manera que lo rememorará, ya en casa, delante de un montón de fotografías.

Reverte no es turista, viaja a la antigua usanza, sin prisas, manteniendo la mirada expectante de un niño ante un nuevo escenario. No hay un plan preconcebido: como el mismo autor confesó en un encuentro con los lectores, a menudo se ha puesto en marcha para escribir un libro de viajes y el camino le enseña que es un poemario o una novela lo que esa tierra le susurra. Se deja llevar por los días y no se cansa de mirar a los ojos a los hombres y mujeres que con él se cruzan. Los miles de kilómetros que acumula en sus espaldas le han enseñado que lo mejor del camino es el encuentro con el ser humano a veces tan cercano como nosotros mismos.

En sus libros hay con frecuencia, junto al viaje real, un viaje literario: “El corazón de las tinieblas”, la “Odisea” o la poesía irlandesa sirven de pretexto o quizá de detonante para ponerse en marcha. Todos hemos fantaseado con seguir las huellas del protagonista de algún libro, convencidos de que el espacio nos revelará secretos que las páginas no han podido por sí mismas: emular a los personajes de la novela  y recorrer los lugares a los que el texto hace referencia. Reverte lo hace así y provoca también en su lector el deseo irrefrenable de leer los libros que cita para descubrir qué verdades encierran.

Comparte también el autor de forma generosa sus reflexiones, su manera de entender el viaje: “el que viaja solo lo hace abierto al mundo”, nos dice en “Vagabundo en África”. Y desvela con naturalidad la introspección que toda ruta lleva aparejada: al fin y al cabo, el viaje es también un espacio para la reflexión y el crecimiento, un camino de soledad que nos lleva hasta el centro de nosotros mismos. Quizá sea ese el auténtico objetivo.

Uno de los últimos libros que mi padre leyó fue “El río de la luz”, que sigue las huellas de los buscadores de oro en el río Yukón cuya odisea Jack London había inmortalizado con tanto acierto en sus novelas. No puedo olvidar la enorme satisfacción que le produjo esta lectura, los párrafos que compartió conmigo y las veces que dijo: “así lo había imaginado”. La realidad de las páginas de Reverte convirtieron en real un deseo de juventud: viajar al Canadá. Solo lamento el no haberle agradecido personalmente al autor en su visita a Málaga el placer que sus páginas produjeron en este viejo aventurero, y en mí, que lo veía disfrutar tanto.

Os dejo ya, tengo que hacer mi maleta, quiero estar preparada para acompañar a Reverte en su próxima aventura.

Rutas literarias

16 Mar

La ruta literaria es un camino de aprendizaje que nos acerca a la obra de distintos autores siguiendo sus huellas  por un paisaje determinado. Lo haremos a través de la biografía, de las anécdotas y vivencias que fueron configurando al ser humano, y también al artista, para descubrir que vida y obra caminan de la mano formando una unidad indisoluble.
La ruta literaria nos redescubre también la propia ciudad, nos invita a mirar con otros ojos animándonos a pasear tranquilamente, alejados de las prisas y rutinas diarias.
La ruta es también un espacio de encuentro, un intento de desmitificar al escritor y de entender los motivos que le impulsaron a escribir.
Pretendemos hacer de las palabras un camino en el que conversar también con otros lectores  que quieren acercarse a la literatura de una forma diferente.
Si estáis interesados en realizar esta primera ruta, en la presentación encontraréis los detalles de la misma y los datos de contacto. Espero que caminemos juntos.

Habrá salidas abiertas  el segundo sábado de cada mes siendo necesaria reserva previa ( dinamizalectura@gmail.com)

 

Roald Dahl: El gran gigante bonachón

12 Feb

El esfuerzo de leer

7 Feb
RUTA-Angelo-8

Angelo

La lectura es un acto complejo a nivel neurológico, requiere la activación de una amplia zona del cerebro y establecer múltiples conexiones para poder llevarla a cabo. Leer, leer en profundidad,  es difícil.

La cultura hedonista en la que estamos inmersos rechaza de forma instintiva cualquier tarea que suponga un esfuerzo. Estamos acostumbrados al placer inmediato sin recordar que muchas de las actividades que realizamos en la actualidad (hablar, pasear, incluso comer) requirieron la tenacidad de aprender para poder realizarlas con la complejidad y maestría con la que las dominamos. Es una pena que no guardemos en nuestra memoria consciente las sensaciones que nos provocaron esos primeros aprendizajes, no poder rescatar el momento en el que, balbuceantes e inseguros, pronunciamos la palabra “mamá” descubriendo alborozados que ella respondía a nuestra llamada…nos animaría seguro a superarnos.

Volviendo al tema que nos ocupa, la lectura es una actividad placentera o puede llegar a serlo pero no está exenta de esfuerzo. Leer es difícil, los primeros pasos entrañan un obstáculo grande para los chiquitines que se adentran en el mundo de las letras con el deseo de descifrar esos signos incomprensibles para ellos. En estos momentos es imprescindible el acompañamiento de un adulto que incentive y ayude a superar los escollos. Con su apoyo el niño descubre que esas letras encierran palabras y las palabras cuentan historias y un día, mágicamente, ellos tienen la llave que las abre.

Si establecemos un paralelismo con el aprendizaje de la música o de algún deporte, entenderemos que dominar (y disfrutar) de cualquier disciplina es una carrera de fondo. La lectura no se escapa de esa ecuación y hemos de entender que gozar de esta en toda su riqueza requiere una práctica asidua, un esfuerzo sistemático que va desarrollando nuestras habilidades hasta que las dominamos de forma instintiva.

También los placeres necesitan entrenamiento y no por ello dejan de serlo. Nuestro reto como padres, profesores o mediadores en el campo de la lectura es el de acompañar y mostrar que el esfuerzo merece la pena.

Entender que la lectura requiere reelaboración y reflexión. Huir de las lecturas planas y dar un paso hacia delante desentrañando el significado profundo de lo leído. No podemos limitarnos al juego de adivinar lo que el autor ha querido decir: estoy convencida de que esa es una absurda falacia potenciada por un perverso método de enseñanza de la literatura.

Leer es establecer un diálogo personalísimo con el texto: cuando este llega a nuestras manos el trabajo del autor ha terminado. Nos toca a nosotros la labor de adueñarnos de lo escrito y descubrir en qué medida nos afecta. No existe aprendizaje, y yo diría que tampoco placer,  si lo que leemos no resulta relevante para la propia vida. Los textos leídos en profundidas  nos tiene que cambiar por dentro: conmover, provocar la reflexión, cuestionar sobre todo.

Hace tiempo que no busco en los libros respuestas pero cada vez disfruto más con las preguntas que me hacen plantearme.

Leer con los hijos: placer compartido

25 Ene
Noemí Villamouza

Noemí Villamouza

A mí me gusta leer el poema del Mío Cid” fue la sorprendente respuesta de una niña de nueve años cuando le pregunté sobre sus preferencias lectoras. En un mundo en el que triunfan las princesas o los libros de Gerónimo Stillton, la respuesta de esta pequeña me dejó fuera de juego. “Es que lo leo con mi padre” – continuó diciéndome orgullosa.

La duda quedó despejada de inmediato: leer con los padres sigue siendo un recurso insustituible para la construcción del lector. Con la lectura regalamos también nuestro tiempo y nuestra atención en una época dominada por las prisas. Los chicos valoran ese paréntesis en el que saben que cuentan con la dedicación absoluta de sus padres  asociando de forma automática la lectura al placer.

Recuerdo hace muchos años la confesión de una lectora que se sentía atraída irremediablemente por las revistas de mecánica: su padre era camionero y viajaba continuamente. “Cuando llegaba a casa” – confesaba- “me sentaba en sus rodillas y mirábamos juntos esas páginas plagadas de instrucciones incomprensibles para mí pero que me regalaban ese momento de quietud y cariño que me resultaban tan preciosos”.

Compartir lecturas con los hijos, ir juntos al teatro  o participar activamente en las actividades que se organizan para las familias en torno a los libros en museos y bibliotecas  hacen más por el futuro lector de cualquier país que la mejor de las campañas.

Es en la familia donde se tiene el primer contacto con los libros y en esa lectura no hay otra finalidad que la del placer: leemos porque queremos hacerlo, porque nos gusta compartir esas historias con los pequeños y aparcar por un momento el vértigo de las obligaciones diarias.

La lectura, una vez que se incorporan al sistema escolar y por muy atractiva que se presente dentro de las aulas, es una lectura utilitaria, evaluable y en muchos casos obligatoria. La gratuidad de los encuentros lectores en familia ha desaparecido y quien no ha tenido ese primer contacto con los libros dentro del hogar ha perdido una oportunidad única de construir su andamiaje lector desde el placer. Es cierto que hay muchos lectores que descubrieron el goce de la lectura a otras edades, pero en la mayoría de los casos existe un mediador (profesor, compañero, amor) que fue capaz de contagiar el deseo de leer un libro determinado y es su entusiasmo, y el cariño y admiración que por esa persona sintieron, los que provocaron el acercamiento al texto.

Muchas son las anécdotas que tengo en la mochila que confirman esa necesidad de vincular los afectos y la lectura. En los primeros años es sencillo provocar encuentros si son deseados por los padres y por los hijos, e insisto, ha de ser placentero también para los adultos que han de entenderlos como un regalo  mutuo. Quizá es más complejo cuando llegan a la adolescencia donde los vínculos se establecen con enorme fuerza entre iguales debilitándose los lazos familiares, pero tal vez podamos animarnos a leer alguno de los títulos por ellos elegidos y comentarlos juntos, bucear entre sus páginas y descubrir a nuestros hijos,  adolescentes en busca de espejo, reflejados en ellos.

En numerosos centros educativos están proliferando los clubes de lectura familiares y con un excelente resultado. También  acompañarlos en sus lecturas obligatorias puede ser una buena estrategia para hacerlas más livianas y seguir afianzando los lazos de cariño.

La aventura itinerante de Hipo y Gavante

28 Dic

Hipo                       Este año se han adelantado los Reyes Magos y me han traído un libro que me ha encantado:“La aventura itinerante de Hipo y Gavante”, de la editorial Canica Books, con texto e ilustraciones de Nono Granero.

Es un libro inteligente, pensado para lectores inteligentes. Escrito en verso y siguiendo el orden alfabético, el autor nos propone una adivinanza en cada página persiguiendo a nuestros protagonistas en un viaje que los llevará alrededor del mundo.

¿No os ha ocurrido invitar a alguien a cenar y no tener pan?. Este es el punto de partida de la historia, en la que la invitada, una simpática tortuga, se ofrece a comprarlo en la tienda de la esquina. Ante su tardanza, los dos amigos deciden salir a buscarla y viajan de ilustración en ilustración descubriéndonos distintos lugares de nuestra geografía.

Este libro nos propone una búsqueda  que en palabras de la propia editorial es :

… enigmática: ¿conseguirás completar el texto para conocer la historia?
… pareada: descubre las palabras que faltan ayudándote con la rima.
… alfabética: además, van todas ordenadas.
… y ¡geográfica! : siguiéndolas recorrerás el mundo entero

Cada ilustración es una pequeña obra de arte que hay que contemplar con detenimiento. El humor nos acecha en cada página y hay numerosos guiños al lector que se acerca a ellas con una mirada despierta.

Confieso que el índice toponímico de las últimas páginas me ha hecho recordar mis primeras enciclopedias ilustradas, con sus explicaciones mínimas pero contundentes, que fijaban la información en nuestra memoria con tinta indeleble.

“La aventura itinerante de Hipo y Gavante” es un libro interactivo que no precisa de complejas tecnologías, basta el gesto simple de pasar la página y adentrarse con curiosidad en lo que el autor nos propone: poesía, adivinanzas y juegos de aprendizaje que se prestan a leer en familia.

Un libro para regalar y compartir, un libro con el que aprender resulta muy divertido.

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