Gloria Fuertes: poeta de guardia

9 May

Llevo paseando con Gloria Fuertes desde el inicio de este 2017 con el taller “Gloria Fuertes: poeta de guardia” para  celebrar el centenario de su nacimiento como a ella le hubiera gustado: con niños, versos y risas.
Entre los chicos y la poesía de Gloria Fuertes no hay barreras, ella habla su mismo lenguaje, los sorprende permanentemente con sus bromas, con los giros que esconden sus versos,  los juegos de palabras que propone en cada estrofa; con la poesía de Gloria podemos rapear, cantar nanas, vocear como si estuviéramos en un mercado o pintar, como nos sugiere en “La oca loca”, a sus distintos personajes.
Nos adentramos en su biografía para entender el porqué de sus poesías, la defensa a ultranza de la paz, su mirada compasiva sobre los que sufren y el amor hacia la naturaleza en todas sus manifestaciones. No tuvo Gloria una vida fácil, tal y como ella nos cuenta:
“A los nueve años me pilló un carro
y a los catorce me pilló la guerra;
A los quince se murió mi madre, se fue cuando más falta me hacía”.
Nacida en Madrid en el seno de una familia humilde
“Era una niña con zapatos rotos, y algo triste porque no tenía muñecas.”
Las pérdidas y carencias que tuvo a lo largo de su infancia no hicieron de ella una persona amarga. Gloria hizo de la alegría su bandera y provocó la reflexión utilizando el humor para contar aquello que sabía necesario: “antes que contar las sílabas, el poeta tiene que contar lo que pasa”. Nadie mejor que un poeta para dar testimonio de lo que ocurre, pues son ellos, con la precisión de su lenguaje, los que mejor pueden hacernos reflexionar sobre este caótico mundo que estamos construyendo.
Los que hemos crecido con los versos de Gloria Fuertes sabemos que su voz y su imagen forman parte de nuestros recuerdos jubilosos. Programas como “La cometa blanca” o “Un globo, dos globos, tres globo” viven en nuestra memoria junto a su inconfundible figura de corbata masculina y regazo de abuela. Todos hemos reído con sus poemas de rimas a veces imposibles, impregnados de humor, pero no por ello superficiales. Su poesía es intemporal y nos sorprende con la modernidad de su pensamiento preocupándose de forma anticipada por temas como la ecología, la igualdad de género o la solidaridad; nuestra poeta es una “poeta de guardia” como a ella le gustaba definirse y seguimos aprendiendo cada vez que leemos sus versos.

A pesar de que es su poesía infantil la que le ha dado más fama, no podemos olvidar su importancia como autora de poesía para adultos ni su vinculación con el grupo poético del 50 con el que compartía sus temáticas de denuncia moral,   logrando por la claridad y sencillez de su lenguaje  más popularidad que la mayoría de sus congéneres.

Su sentido de responsabilidad social le llevó a organizar una biblioteca móvil que llevaba libros a los lugares donde estos eran de difícil acceso. Viajó a EEUU donde ejerció la docencia avalada por la calidad de su creación siendo su obra objeto de numerosos estudios en este país.  Su carácter solidario traspasó las fronteras de la vida legando toda su fortuna a la “Ciudad de los muchachos”, fundación que realizaba una extraordinaria labor con jóvenes desfavorecidos.

Gloria, que se definió en su poesía autobiográfica como “solitaria, religiosa, lesbiana, enamoradiza, soltera, feminista, fumadora empedernida, pacifista, castiza y poeta”, fue una mujer generosa, de verso certero y cercano, con la que estoy convencida hubiera hecho muy buenas migas, “migas” de pan y “migas” de amiga, que diría ella.

INSTRUMENTAL . Memorias de música, medicina y locura.

21 Mar

índiceConfieso que me ha sobrecogido la lectura de “Instrumental”. James Rhodes, reconocido concertista, escritor y renovador de la música clásica ha escrito unas memorias en las que habla sin tapujos de los abusos sexuales que sufrió en su infancia y las secuelas que estas violaciones reiteradas han dejado en su vida. Hablar de ello en primera persona, sin recrearse pero también sin esconderse no ha debido de resultarle fácil, pero nadie mejor que él sabe de la necesidad de visibilizar ese tipo de acciones para que la sociedad tome medidas y evite que estos actos se repitan y queden impunes.

La fragilidad de una criatura de seis años nos provoca un rechazo visceral hacia los que ejercen este tipo de violencia con la brutalidad que el libro nos insinúa. La inocencia no se puede perder a esa edad, pero ¿cómo seguir confiando en el ser humano después de estas agresiones invisibles para el resto de la gente?. Da miedo pensar en la cantidad de historias similares que quedan silenciadas marcando para siempre a los protagonistas, que arrastran de por vida problemas de todo tipo. Mente perversa la que hace sentir a la víctima como culpable y le obliga a esconder y callar las vejaciones sufridas.

Aterra pensar en el sufrimiento diario, en la sordera de aquellos que lo rodeaban ante sus súplicas y, sobre todo, la quiebra de la esperanza, la autodegradación sobrevenida después de una experiencia tan traumática. Convertirse en otro, mentir, prostituirse por un helado, vivir con el asco como parte de la vida, desdoblarse para poder descansar durante unas horas …terrible.

Sólo la inteligencia privilegiada del autor, que se enfrenta a sus monstruos con perseverancia, logran convertir este libro en todo un ejemplo de lucha por la propia vida. La música, la toma de conciencia de la necesidad de ayuda y también el encuentro con personas maravillosas, generosas y sinceras que no le permitieron esconderse de sí mismo, han logrado que este suicida reincidente consiga reunir el valor necesario para exorcizar su dolor.

El tono del escrito, directo, como si de una conversación se tratara, provoca una empatía inmediata y permite que acompañemos al autor por el infierno de sus días. Junto al dolor, encontramos amores incondicionales, amistad y generosidad que llegan en muchos casos de mano de desconocidos, y sobre todo, la pasión desbordada por la música que se convierte en herramienta terapéutica.

“Es un hecho irrefutable que la música me ha salvado la vida de una forma literal, y creo que también la de un montón de personas más. Ofrece compañía cuando no la hay, comprensión cuando reina el desconcierto, consuelo cuando se siente angustia, y una energía pura y sin contaminar cuando lo que queda es una cáscara vacía de destrucción y agotamiento”.

Cada uno de los capítulos va encabezado por una pieza de música clásica y una breve biografía sobre el autor y las circunstancias de creación de la obra. No escucho con asiduidad este tipo de música, pero he simultaneado la lectura con la audición de las obras recomendadas y descubierto una maravillosa selección que me ha conmovido de la misma manera que lo han hecho las palabras del autor. Vidas también desgarradas y llenas de sufrimiento la de muchos de estos grandes músicos e intérpretes, haciéndome pensar que a menudo es la necesidad de compensar el dolor lo que provoca la creación de  sublimes piezas de arte.

Que la vida es una lucha no es algo que descubramos a estas alturas, pero por suerte, no a todos nos ha tocado vivir permanentemente en la trinchera. Los problemas personales se ven minimizados ante la historia de James Rhodes que, sin embargo, logra comenzar una y mil veces a reconstruirse desde la nada. Y triunfar, amar, luchar por lo que quiere y ser consecuente, asumiendo responsabilidades y desvelando una nueva forma de interpretar y acercar la música clásica a los profanos. Me descubro ante este autor y agradezco su valentía y sinceridad. Hay mucho horror pero también mucha vida, mucha pasión y mucha música en estas páginas.

Cerramos con la última cita de Schumann en el libro: “Mandar luz a la oscuridad del corazón de los hombres: ése es el deber del artista”. Creo que todos tenemos ese deber, hagamos lo que hagamos en nuestra vida.

Os dejo el enlace web  donde podemos acceder de forma directa a la banda sonora de este libro. Tendremos a James Rhodes  en Málaga compartiendo con nosotros la Noche de los Libros en la Térmica el día 21 de abril.No dejéis de ir.

“Emprender por amor a los libros”

17 Feb

c2j-ed2xuaevu2mEl día 14 de febrero, en la sede del Centro Andaluz de las Letras y  bajo el sugerente  título  “Emprender por amor a los libros: entre el ocio y el negocio”, se desarrolló un encuentro entre distintos profesionales del sector.

Abriendo puertas estuvo Ana Cabello, gestora cultural y organizadora de la jornada, que nos dio una visión general de la situación del mundo del libro y la edición  hablando de la necesidad de innovar  y reinventarnos cada día para acomodarnos a las demandas del mercado y a las nuevas formas de lectura y de cultura. Los “letraheridos” asistentes la acompañamos en un vertiginoso viaje  por exitosas experiencias  de librerías y editoriales  haciéndonos reflexionar sobre la necesidad de que  “cuadren los números”  en este mundo de letras.

Jesús Otala, responsable de la librería Proteo/Prometeo, nos desveló los orígenes de la librería, un refugio de libertad durante los años de la dictadura que mantiene vivo  su compromiso social. La flexibilidad como arma para sobrevivir en tiempos de crisis y la necesidad de establecer sinergias  buscando nuevas formas de acercarse al lector lo convierten en un ejemplo a seguir en estos tiempos difíciles para las librerías.

Ana Morilla compagina su labor de escritora, docente y editora. Multiplicar los caminos y las oportunidades fue el núcleo de su mensaje, claro y fresco como su persona. Establecer colaboraciones con otras editoriales  y cultivar los vínculos personales, su mejor estrategia de marketing.

Alicia Acosta llegó con el corazón en la mano y la libertad como bandera. Las palabras de Daniel Pennac en su voz fueron un auténtico regalo y su dilatada experiencia como narradora, en contacto directo con lectores de todas las edades, nos dieron claves sencillas e infalibles para consolidar lectores: un buen libro, una lectura vinculante y los afectos como material de ensamblaje.

Ferrán Fernández, poeta y  editor de Luces de Gálibo nos confesó su lucha contracorriente  por mantener  a flote un sueño. El orgullo con el que hablaba de sus libros, la libertad con la que selecciona los títulos y la cuidada edición de su colección nos hicieron minimizar los asuntos contables.

Clara Canela, editora de Canica Books hizo una sencilla exposición  de lo que supone el oficio de editor. Su formación empresarial y el conocimiento profundo del álbum ilustrado han permitido la viabilidad de esta joven empresa en la que prima el criterio de calidad y en la que cada libro ha sido mimado hasta el último detalle. Tal y como nos confió Emmanuel  Lafont, una parte importante del éxito de Canica Books reside en la cálida personalidad de la editora  y  en su respeto profundo por el autor. Pasión y juego fueron las consignas de este artista que se considera un privilegiado por seguir disfrutando cada día con su trabajo y cuya obra os animo a conocer.

Nacho de Castro nos presentó la plataforma Nubico, definido como el Spotify libresco,  una prometedora empresa en expansión que facilita por un precio  reducido el acceso a una gran cantidad de títulos que permite su lectura en distintos dispositivos. Le auguramos un rápido crecimiento.

Borja Martínez, editor de la revista Leer, nos recordó la sólida trayectoria de la publicación culminando la jornada con la intervención de Manuel Gil, escritor y actual director de la Feria del Libro de Madrid, con el título  “Los futuros del libro: papel vs. digital”. Necesaria reflexión la de ajustar la oferta a la demanda,  aumentar el tamaño de las editoriales y repensar el papel de estas teniendo en cuenta el crecimiento exponencial de la lectura digital que obliga a formar a nuevos profesionales en este ámbito. Reivindicó la importancia de la industria del libro y su necesidad de ser apoyada desde las instituciones públicas.

Nos supo a poco el networking con el que se clausuró la jornada en la que distintos emprendedores del mundo del libro dieron a conocer su proyecto: Estrategias para artistas, Magic Books, Relatos de una lengua, Spectador Producciones y Zoque. Propuestas frescas y creativas que abren nuevos caminos de acceso  a  la lectura.

La jornada, intensa y gratificante, dejó poco tiempo para el diálogo aunque permitió expresar el deseo de seguir provocando sinergias para incrementar el número de lectores en nuestro país. Lamenté que no hubiera docentes y bibliotecarios entre los asistentes, seguro que en su condición de mediadores de la lectura hubieran podido aportar alguna idea.

Felicidades a los organizadores.

“Matarile,rile, rile”: rescatando palabras de infancia

18 Ene
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El corro de la patata

Hay  canciones, retahílas y poemas que han hilvanado desde hace siglos a las distintas generaciones. Pasaban de madres a hijas e iban configurando ese poso común que nos reafirmaba como miembros de una misma comunidad. La palabra como hilo conductor y también como espacio compartido en las familias, reunidas en torno a las historias, a los juegos, a las melodías…..así ha sido hasta ahora.
Por desgracia, los pequeños con los que me encuentro en las aulas han sustituido esas palabras por la sintonía de  las series de dibujos animados y los juegos tradicionales por algún otro que se desarrolla en la pantalla. Y es un hecho lamentable porque con la pérdida de nuestras tradiciones orales estamos perdiendo parte de nuestra propia identidad, y lo que es más triste, perdemos ese tiempo compartido en familia  que creaba vínculos indestructibles entre sus miembros.

 

El taller “Matarile, rile, rile”  propone un viaje al territorio feliz de la infancia. Las sesiones se han desarrollado a lo largo de todo un trimestre y han tenido como destinatarios a los alumnos de las escuelas de adultos. Planteado inicialmente como un  ejercicio de memoria, hemos recopilado en el taller refranes, jugado al corro, bailado diábolos y recuperado viejas historias que fueron contadas en otro tiempo alrededor de la hoguera.

Los años y la dura vida de trabajo que han tenido muchos de estos alumnos hacía que subieran con dificultad las escaleras que les conducían a sus clases, se quejaran de su mala cabeza y aseguraran ser incapaces de rescatar ni una sola de las melodías de infancia. Pero los recuerdos de infancia permanecen escritos con tinta indeleble en la memoria y bastaba una palabra, el inicio de un verso o el tarareo de una cancioncilla para que se produjera una verdadera avalancha de recuerdos.

No ha sido fácil la niñez de estas personas: la postguerra y sus miserias impidieron que acudieran a la escuela con asiduidad o que la tuvieran que abandonar demasiado pronto. Trabajar en el campo, cuidar de los hermanos más pequeños y ayudar en la casa era incompatible con esa infancia de 24 horas al día de la que disfrutan los niños actualmente. Pero con el taller de “Matarile” encontraron hueco para ser niños de nuevo y recuperar la risa despreocupada de los pocos años. Rescatamos, junto a los juegos y canciones,  también viejas palabras vinculadas en muchos casos a labores agrarias, nombres de herramientas que han sido sustituidos por maquinarias más sofisticadas o utensilios que han dejado de utilizarse. Construimos un diccionario de palabras olvidadas y paladeamos cada una de sus sílabas con auténtico placer: impedimos  que murieran recordándolas, porque somos conscientes que con el empobrecimiento de nuestra lengua nos hacemos también nosotros más pobres.

Confieso que siempre me resulta gozoso trabajar con los alumnos de las Escuelas de Adultos; la mayoría se encuentran entre los 60/90 años y siguen teniendo viva la curiosidad y el deseo de aprender. Disfrutan de un merecido descanso pero sigue “echando una mano” a los hijos y cuidando de los nietos con asiduidad. Ellas, pues son en su mayoría mujeres, son el último eslabón en esta cadena que tejen las tradiciones orales.

Yo ya he cumplido con mi tarea empoderando a esos niños eternos y haciéndoles reflexionar sobre la importancia de su labor ; ahora les toca a ellos recuperar el espacio compartido y hacer que  esas viejas canciones vuelvan a sonar en los hogares y en los centros escolares.

Os dejo aquí el enlace de un blog en el que comparten su experiencia en el taller de “Matarile”

Don Ramón : un Amigo de Papel

21 Dic

201610301759210Hay libros que te llegan a las manos y sientes  el deseo inmediato de acariciarlos: recorrer con las yemas de los dedos el contorno de las figuras, sentir la calidez de sus colores y deslizarte sin prisas por su  brillante cubierta.

Esto nos ocurre con “Don Ramón”,  el último libro publicado por la editorial Amigos de Papel con textos de Alberto Sobrino e ilustraciones de Cecilia Moreno.

 Nubes de color verde, un sol espléndido y un trío de pájaros con un sombrero entre las patas nos saludan desde la cubierta  animándonos a sumergirnos en la historia. De su protagonista solo sabemos que lleva sombrero, un enorme sombrero que aparece y desaparece entre las páginas sirviendo de hilo conductor en esta historia.

¿Pero quién es “Don Ramón”?. Para descubrirlo tendremos que  atravesar paisajes de colores contundentes, planos, que juegan con el contraste y la simplicidad de las figuras, tan del gusto de los más pequeños: árboles, bancos, casas y distintos animalillos nos van haciendo avanzar en esta historia de intriga en un intento de descubrir la identidad de Don Ramón.

El diálogo entre texto e ilustración facilita el diálogo con el lector: en cada página una pregunta y una respuesta en imágenes, un juego de descarte, de análisis, una mirada atenta.  Don Ramón no vive en una casa grande, ni vive en el mar, ni es fuerte, nos aclara el texto en una alternancia de colores en la grafía  que refuerzan la idea de conversación.

“Don Ramón” es un libro para leer en compañía, con los ojos bien abiertos y los dedos dispuestos a señalar como una flecha. Un libro que invita a  descubrir en cada página y  nos permite ir construyendo poco a poco al personaje a través de lo que es y de lo que no es. Un libro interactivo que no precisa de la tecnología para hacer  al  lector protagonista también de  la narración.

En las últimas páginas conocemos a Don Manuel, el mejor amigo de Don Ramón, y estamos a punto de colocarle el sombrero. ¡¡Pero  Don Manuel tiene ya una bonita gorra y unas gafas oscuras!!. Y es que  Don Manuel, el mejor amigo de Don Ramón, es ciego .

Confieso  que soy especialmente sensible al tema de la ceguera y que valoro los libros que permiten  a los niños empatizar con las personas que tienen discapacidad visual, pero me ha sorprendido gratamente esta propuesta  dirigida a los más pequeños. Nunca es pronto para descubrir a los niños las dificultades que entrañan el día a día para personas que tienen mermadas algunas de sus capacidades, pero hay que saber adaptar el mensaje al interlocutor y pocas veces se consigue con la naturalidad y eficacia que lo hace este libro. Solo  una editorial como Amigos de Papel, tan concienciada con el tema de la discapacida, podría haber contado  una historia con tanta sensibilidad, una historia que divierte y enseña y  nos descubre cosas entre sonrisa y sonrisa.

Si queréis conocer algún título más sobre este  tema, pinchad aquí.

Pajaritos y pajarracos: LIJ en familia

4 Dic

pajarracosDurante los días 2/3 de diciembre la literatura infantil y juvenil ha tendido voz en la Térmica en un encuentro con un divertido título que pretendía enrolar a “pájaros” de todos los tamaños en la aventura de leer. Son pocos las ocasiones que desde las instituciones se organizan actividades pensadas para la familia y mucho menos con la lectura como eje vertebrador, así que comenzamos felicitando a la Diputación de Málaga y  a Pedro Ramos, responsable del evento, por la magnífica idea.
Lamentablemente la información no me llegó a tiempo y solo pude asistir a la jornada del sábado que se inició con Pablo Albo y su humor trepidante y continuó con la conversación a tres bandas entre el escritor malagueño Pablo Aranda y Ana Alcolea y Álvaro García Hernández, premio Cervantes Chico y Gran Angular respectivamente, que nos hablaron de la necesidad de tener un bagaje lector sólido para adentrarse en la aventura de escribir. Me gustó descubrir las distintas maneras en las que se enfrentaban a la escritura: dejándose llevar por la propia narración en el caso de Ana Alcolea o partiendo de la elaboración del personaje al que situaba mentalmente en distintas situaciones para darle coherencia y verisimilitud en el caso de Álvaro. Los trucos que permiten enganchar al lector y la importancia de los pequeños detalles fueron también otras de las claves de su intervención.
Antonio R. Almodóvar y Marisa López Soria nos hablaron sobre el papel de la mujer en la literatura, de distintas versiones de los cuentos clásicos en las que, junto a las historias estereotipadas que todos conocemos, coexisten en nuestra tradición oral muchos ejemplos en los que la mujer es la que tiene la llave para resolver no solo sus propios conflictos sino de ayudar a otros en sus dificultades.
Escuchar a Rodríguez Almodóvar significa reencontrarse con el asombro, descubrir nuevos matices en las historias de siempre y sentirse privilegiada por poder seguir aprendiendo de nuestro eterno recopilador que tiene en su conversación el poso de la sabiduría popular.
Marisa López Soria nos dejó con ganas de escuchar su libro “La princesa de la nube” y con una profunda reflexión sobre el carácter retrógrado de muchas de las novelas dirigidas a los jóvenes en las que la figura femenina es sumisa, débil y dependiente, o por el contrario, se disfraza de hombre para abordar los problemas desde una perspectiva masculina. Es lamentable que la sabiduría de la mujer, la inteligencia para resolver conflictos desde una óptica femenina no quede reflejada en la literatura, y no solo en la juvenil.
Gonzalo Moure y Mónica Rodríguez pusieron el acento en las emociones y en la forma en que estas nos hacen amar la lectura. Confieso que acudí esperanzada de llevarme un listado de libros “infalibles” para fidelizar lectores pero agradezco, y mucho, ese modo reposado y reflexivo con el que encararon la ponencia “Entre la realidad y la emoción”. Coincido con ellos en decir que sin emoción no hay aprendizaje y que es necesario que la lectura nos cale, nos conmueva y sobre todo, nos plantee preguntas. La literatura que no nos cambia de algún modo no cumple su función.
Cerramos con una dosis de humor e ingenio de la mano del Hematocrítico y su “Feliz feroz”. Puedo imaginar el privilegio que supone para sus alumnos tener un profesor que los hace reír a diario y que ha descubierto lo sencillo que resulta enseñar entre carcajadas.
Sus libros son necesarios, tremendamente necesarios, en un momento en el que mucha de la literatura dirigida a los más pequeños está contaminada por un excesivo afán pedagógico que hace que el aprendizaje pretendido pierda efectividad. Divertir, enganchar a la lectura y al mismo tiempo, descubrir sin esfuerzo cómo funciona el mundo; enseñando, sí, como siempre han hecho las historias, pero sin perder ni un ápice de diversión. El Hematocrito tiene la frescura y el aire transgresor de nuestro admirado Roald Dahl.
Espero que iniciativas como estas se repitan en nuestra ciudad y que podamos volver a beber de las mejores fuentes.

Leer en clase: consejos para docentes

17 Sep
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Cecile Mancion

Hace unos años recibí alborozada la noticia de que se iba a establecer un tiempo de lectura obligatoria en los colegios; que las palabras lectura y obligación vayan unidas no es algo que me guste, pero pensé que podía ser una oportunidad para dar relevancia al hecho de leer, para compartir lecturas y comentarios y construir poco a poco esa deseable comunidad de lectores.

En algunos centros aprovecharon la obligatoriedad de la norma para animar a sus alumnos a que llevaran su libro favorito a clase y utilizaran esa hora para continuar con la lectura. Los profesores daban ejemplo  haciendo  otro tanto y convirtiéndose en modelos a imitar por sus alumnos. Ya he recogido en este blog alguna experiencia en este sentido. A veces convertir la lectura en un hecho extraordinario es tan simple como hacer que suene una campanita a lo largo de los pasillos anunciando  que se inicia un tiempo de lectura libre dentro de las paredes del colegio, sonido que puede escucharse en el momento más inesperado y que es recibido siempre con alborozo por parte de los alumnos.

Pero por desgracia, en otros centros de enseñanza,  los profesores aprovechan para corregir exámenes y  los alumnos para terminar tareas o centrarse en sus libros de texto rompiendo con el  espíritu lúdico  de esa propuesta de lectura. Me gusta pensar que son minoría y que la mayor parte de los docentes utilizan este tiempo para leer a sus alumnos: elegir un texto adecuado y darle forma es la mejor manera de crear afición por la lectura. A veces, un mismo libro es el  que acompaña a lo largo del curso a los alumnos, suspendiéndose su lectura diaria en un momento álgido de la narración. Otras veces es un poema, un relato corto o un fragmento que sirve como detonante del deseo y anima a los alumnos a interesarse por el título. En cualquier caso, es un momento  deseado por todos, una práctica  eficaz y sencilla que  podemos llevar a cabo en nuestra clase.

Conozco a una profesora de la universidad de Málaga, Isabel Borda Crespo, que lee a sus alumnos de magisterio diariamente un álbum ilustrado. Con este simple gesto está despertando entre ellos el gusto por un género que les va a resultar muy útil cuando ejerzan la docencia, y al mismo tiempo, les da a conocer una serie de títulos que podrán utilizar con sus futuros alumnos. Sé que están tremendamente agradecidos por esa lectura diaria.

¿Y a los adolescentes, nos atrevemos a leerles a ellos también?. Por supuesto, quizá son  los más necesitados de ese espacio de sosiego que se crea con la lectura en voz alta, rompiendo el ritmo vertiginoso que las nuevas tecnologías imprimen en su día a día. Mi experiencia es que escuchan con atención, que les gusta que  les lean y que debemos de aprovechar ese momento para animarlos a compartir sus propias lecturas. Recomiendo a menudo “El libro de los abrazos” de Eduardo Galeano  y el de “Ajuar funerario” de Fernando Iwasaki, recopilación de relatos cortos en los que el humor y lo macabro van de la mano y que por su brevedad se adapta a los   escasos tiempos que permiten las apretadas programaciones.

Os animo a que leáis a diario a vuestros alumnos a lo largo de este curso, que recuperéis esa vieja práctica,  estoy convencida de que esta buena rutina dará sus frutos.

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