El esfuerzo de leer

7 Feb
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Angelo

La lectura es un acto complejo a nivel neurológico, requiere la activación de una amplia zona del cerebro y establecer múltiples conexiones para poder llevarla a cabo. Leer, leer en profundidad,  es difícil.

La cultura hedonista en la que estamos inmersos rechaza de forma instintiva cualquier tarea que suponga un esfuerzo. Estamos acostumbrados al placer inmediato sin recordar que muchas de las actividades que realizamos en la actualidad (hablar, pasear, incluso comer) requirieron la tenacidad de aprender para poder realizarlas con la complejidad y maestría con la que las dominamos. Es una pena que no guardemos en nuestra memoria consciente las sensaciones que nos provocaron esos primeros aprendizajes, no poder rescatar el momento en el que, balbuceantes e inseguros, pronunciamos la palabra “mamá” descubriendo alborozados que ella respondía a nuestra llamada…nos animaría seguro a superarnos.

Volviendo al tema que nos ocupa, la lectura es una actividad placentera o puede llegar a serlo pero no está exenta de esfuerzo. Leer es difícil, los primeros pasos entrañan un obstáculo grande para los chiquitines que se adentran en el mundo de las letras con el deseo de descifrar esos signos incomprensibles para ellos. En estos momentos es imprescindible el acompañamiento de un adulto que incentive y ayude a superar los escollos. Con su apoyo el niño descubre que esas letras encierran palabras y las palabras cuentan historias y un día, mágicamente, ellos tienen la llave que las abre.

Si establecemos un paralelismo con el aprendizaje de la música o de algún deporte, entenderemos que dominar (y disfrutar) de cualquier disciplina es una carrera de fondo. La lectura no se escapa de esa ecuación y hemos de entender que gozar de esta en toda su riqueza requiere una práctica asidua, un esfuerzo sistemático que va desarrollando nuestras habilidades hasta que las dominamos de forma instintiva.

También los placeres necesitan entrenamiento y no por ello dejan de serlo. Nuestro reto como padres, profesores o mediadores en el campo de la lectura es el de acompañar y mostrar que el esfuerzo merece la pena.

Entender que la lectura requiere reelaboración y reflexión. Huir de las lecturas planas y dar un paso hacia delante desentrañando el significado profundo de lo leído. No podemos limitarnos al juego de adivinar lo que el autor ha querido decir: estoy convencida de que esa es una absurda falacia potenciada por un perverso método de enseñanza de la literatura.

Leer es establecer un diálogo personalísimo con el texto: cuando este llega a nuestras manos el trabajo del autor ha terminado. Nos toca a nosotros la labor de adueñarnos de lo escrito y descubrir en qué medida nos afecta. No existe aprendizaje, y yo diría que tampoco placer,  si lo que leemos no resulta relevante para la propia vida. Los textos leídos en profundidas  nos tiene que cambiar por dentro: conmover, provocar la reflexión, cuestionar sobre todo.

Hace tiempo que no busco en los libros respuestas pero cada vez disfruto más con las preguntas que me hacen plantearme.

Leer con los hijos: placer compartido

25 Jan
Noemí Villamouza

Noemí Villamouza

A mí me gusta leer el poema del Mío Cid” fue la sorprendente respuesta de una niña de nueve años cuando le pregunté sobre sus preferencias lectoras. En un mundo en el que triunfan las princesas o los libros de Gerónimo Stillton, la respuesta de esta pequeña me dejó fuera de juego. “Es que lo leo con mi padre” – continuó diciéndome orgullosa.

La duda quedó despejada de inmediato: leer con los padres sigue siendo un recurso insustituible para la construcción del lector. Con la lectura regalamos también nuestro tiempo y nuestra atención en una época dominada por las prisas. Los chicos valoran ese paréntesis en el que saben que cuentan con la dedicación absoluta de sus padres  asociando de forma automática la lectura al placer.

Recuerdo hace muchos años la confesión de una lectora que se sentía atraída irremediablemente por las revistas de mecánica: su padre era camionero y viajaba continuamente. “Cuando llegaba a casa” – confesaba- “me sentaba en sus rodillas y mirábamos juntos esas páginas plagadas de instrucciones incomprensibles para mí pero que me regalaban ese momento de quietud y cariño que me resultaban tan preciosos”.

Compartir lecturas con los hijos, ir juntos al teatro  o participar activamente en las actividades que se organizan para las familias en torno a los libros en museos y bibliotecas  hacen más por el futuro lector de cualquier país que la mejor de las campañas.

Es en la familia donde se tiene el primer contacto con los libros y en esa lectura no hay otra finalidad que la del placer: leemos porque queremos hacerlo, porque nos gusta compartir esas historias con los pequeños y aparcar por un momento el vértigo de las obligaciones diarias.

La lectura, una vez que se incorporan al sistema escolar y por muy atractiva que se presente dentro de las aulas, es una lectura utilitaria, evaluable y en muchos casos obligatoria. La gratuidad de los encuentros lectores en familia ha desaparecido y quien no ha tenido ese primer contacto con los libros dentro del hogar ha perdido una oportunidad única de construir su andamiaje lector desde el placer. Es cierto que hay muchos lectores que descubrieron el goce de la lectura a otras edades, pero en la mayoría de los casos existe un mediador (profesor, compañero, amor) que fue capaz de contagiar el deseo de leer un libro determinado y es su entusiasmo, y el cariño y admiración que por esa persona sintieron, los que provocaron el acercamiento al texto.

Muchas son las anécdotas que tengo en la mochila que confirman esa necesidad de vincular los afectos y la lectura. En los primeros años es sencillo provocar encuentros si son deseados por los padres y por los hijos, e insisto, ha de ser placentero también para los adultos que han de entenderlos como un regalo  mutuo. Quizá es más complejo cuando llegan a la adolescencia donde los vínculos se establecen con enorme fuerza entre iguales debilitándose los lazos familiares, pero tal vez podamos animarnos a leer alguno de los títulos por ellos elegidos y comentarlos juntos, bucear entre sus páginas y descubrir a nuestros hijos,  adolescentes en busca de espejo, reflejados en ellos.

En numerosos centros educativos están proliferando los clubes de lectura familiares y con un excelente resultado. También  acompañarlos en sus lecturas obligatorias puede ser una buena estrategia para hacerlas más livianas y seguir afianzando los lazos de cariño.

La aventura itinerante de Hipo y Gavante

28 Dec

Hipo                       Este año se han adelantado los Reyes Magos y me han traído un libro que me ha encantado:“La aventura itinerante de Hipo y Gavante”, de la editorial Canica Books, con texto e ilustraciones de Nono Granero.

Es un libro inteligente, pensado para lectores inteligentes. Escrito en verso y siguiendo el orden alfabético, el autor nos propone una adivinanza en cada página persiguiendo a nuestros protagonistas en un viaje que los llevará alrededor del mundo.

¿No os ha ocurrido invitar a alguien a cenar y no tener pan?. Este es el punto de partida de la historia, en la que la invitada, una simpática tortuga, se ofrece a comprarlo en la tienda de la esquina. Ante su tardanza, los dos amigos deciden salir a buscarla y viajan de ilustración en ilustración descubriéndonos distintos lugares de nuestra geografía.

Este libro nos propone una búsqueda  que en palabras de la propia editorial es :

… enigmática: ¿conseguirás completar el texto para conocer la historia?
… pareada: descubre las palabras que faltan ayudándote con la rima.
… alfabética: además, van todas ordenadas.
… y ¡geográfica! : siguiéndolas recorrerás el mundo entero

Cada ilustración es una pequeña obra de arte que hay que contemplar con detenimiento. El humor nos acecha en cada página y hay numerosos guiños al lector que se acerca a ellas con una mirada despierta.

Confieso que el índice toponímico de las últimas páginas me ha hecho recordar mis primeras enciclopedias ilustradas, con sus explicaciones mínimas pero contundentes, que fijaban la información en nuestra memoria con tinta indeleble.

“La aventura itinerante de Hipo y Gavante” es un libro interactivo que no precisa de complejas tecnologías, basta el gesto simple de pasar la página y adentrarse con curiosidad en lo que el autor nos propone: poesía, adivinanzas y juegos de aprendizaje que se prestan a leer en familia.

Un libro para regalar y compartir, un libro con el que aprender resulta muy divertido.

Versos en la memoria

30 Sep
Cecilia Paredes

Cecilia Paredes

  A mi madre

Mi madre es una narradora nata, siempre ha tenido la habilidad de convertir una anécdota en una historia interesante, de cautivarnos con su voz y su manera de contar como si del flautista de Hamelin se tratara. Tengo muy vivo en mi recuerdo una escena en la que los cuatro hermanos mayores la rodeábamos mientras ella nos sumergía en la historia de Rosa Blanca y Blanca Flor, relato del que no recuerdo más que el título y la sensación de maravilla que nos embargaba. Solo hacía falta que pronunciara las palabras “Había una vez” para que el mundo real desapareciera y nos adentráramos con su voz en ese otro mundo que ella creaba para nosotros. Seguir leyendo

“Biografías a pincel”: taller de arte y fomento lector

7 Sep

Leer antes de leer: libros de 0-3 años

6 Sep

DSCN0065«La lectura es una actividad física además de cognitiva, un proceso lúdico de negociación, imaginación, orquestación, interpretación y experimentación en el que se utilizan estrategias visuales de observación, búsqueda, exploración, planteamiento de hipótesis, comparación y etiquetado. ¡Cualquier cosa menos la pasividad!»
                                                                                                                                                                                                 M. Mackey

Me gusta ver a un niño muy pequeño con un libro en las manos y observar cómo se inicia en la lectura palpando, mirando, oliendo, experimentando. No sabe descifrar el código escrito pero está dispuesto a descubrir lo que un libro puede ofrecerle con todos los sentidos en alerta  convirtiendo esa “lectura”  en una experiencia gozosa y personalísima que intuye cargada de promesas.

Debemos poner un libro en las manos de un niño desde el momento en que puedan manipularlo, un libro en su formato tradicional, con hojas que pasar e ilustraciones que provoquen su sorpresa en cada página. Blandos o de tapa dura, con solapas y texturas, sonidos y desplegables, pero sobre todo, con nosotros. Nosotros: padres, responsables de las guarderías, abuelos, hermanos. Nosotros: el puente que facilita y acompaña en este primer contacto con el libro fortaleciendo el placer de la actividad lectora con una carga afectiva que vinculará ya para siempre este objeto con el cariño.

Los primeros libros les ayudan con sus ilustraciones a nombrar. Imaginarios que permiten ampliar su vocabulario e ir desarrollando la capacidad de atención. En un mundo en el que todo les resulta una novedad, debemos aprovechar su curiosidad ( por el propio cuerpo, las emociones, la familia…) para iniciarlos en el universo lector  y ayudarles en el proceso jugando con ellos a identificar y reconocer en las ilustraciones actividades que forman parte de su vida diaria : comer, el aseo, la hora de dormir. El libro como espejo desde el primer momento.

Crece su mundo y crece también su curiosidad por todo aquello que ocurre más allá de las puertas de la casa: el primer día del cole, los animales, las calles. Los libros se “hacen grandes” con ellos y les ayudan a aprender cosas sobre ese mundo que estrenan. Es el momento de elegir libros de conocimiento que les posibiliten un aprendizaje lúdico y sorpresivo eligiendo para ello material de calidad, muy visual y que les animen a experimentar por sí mismos con las formas, los colores y las texturas. Recorrer con los dedos triángulos y círculos, letras y números para apropiarse también con las manos de las palabras.

Libros para manipular, libros para aprender y álbumes ilustrados con los que adentrarse en la narrativa. Los pequeños realizan la lectura de imágenes de forma natural;  desde los primeros meses son capaces de reconocer rostros y emociones y no necesitan nada más  para desentrañar  las imágenes. Nos corresponde a nosotros, los mediadores, dar voz a esas ilustraciones y descubrirles otra manera de contar las historias. Siempre con el libro en la mano, les mostraremos las imágenes e iremos leyendo o narrando el texto guiándolos por los entresijos de las historias y facilitándoles su posterior desarrollo como lectores autónomos. Nos detendremos en las distintas páginas provocando una observación minuciosa que desencadene el diálogo con el pequeño. Con el simple gesto de compartir un álbum los estamos adentrando en el mundo literario y acompañándolos en el descubrimiento de los personajes, los escenarios, el funcionamiento de las estructuras narrativas y sobre todo, en los infinitos caminos que nos abre la literatura.

No perdamos tiempo, cada minuto es preciso y precioso, démosle un libro a nuestro pequeño.

Poesía en el Picasso 2015

12 Jul

poesía en el picassoMi verano comienza con los encuentros de “Poesía en el Picasso” que organizan cada año el Centro Andaluz de las Letras. Al ritmo acelerado del curso le sienta bien ese cambio de tercio en el que la palabra y el sonido de campanas van marcando un tiempo diferente en el que la prisa no tiene cabida.

En esta edición se han hermanado periodismo y poesía, quizá porque nunca fueron más necesarios los poetas para contarnos la realidad, más precisa esa mirada profunda con la que se asoman al mundo para esquivar el engaño.

Benjamín Prado inauguró estas veladas con la frescura que le caracteriza. Es un autor que nunca habla de sí mismo, parece que acude a los encuentros con los lectores para contar cosas de sus amigos, de lo que estos escriben, de lo que le enseñaron en los cruces de camino. La vida y la poesía unidas como una forma de caminar, con ritmo de canción en muchas ocasiones y un descaro que nos hace disfrutarla. Sus palabras pintaban  historias de amor:  lejos de la tragedia, había  juego y miradas en los versos que compartió con nosotros. Recuerdo que nos conmovió especialmente uno dedicado a su madre que hablaba sin proponérselo de todas las madres, haciendo universal su verso íntimo.

A Javier Salvago lo presentó Guillermo Busutil, escritor y articulista por el que confieso mi debilidad.

La poesía de Salvago es cotidiana, alejada de retóricas y frases vacías, rezumando recuerdos en cada verso. Nos confiesa que le asusta enfrentarse con el público, que se hizo poeta por ser este un oficio para tímidos en el que encontrar a solas las palabras: desconocía las servidumbres de escribir, los encuentros con los lectores, los recitales ineludibles.

Su lectura le hace un flaco favor a sus versos: lee con prisa, intentando apurar el trago de golpe y con la distancia del que lee el prospecto de un medicamento. A pesar de eso conmueve, o quizá por eso, entendiendo que bastante se ha desnudado en cada verso como para recrearse, como si de una stripper se tratara, en cada centímetro de alma que deja al descubierto. Nos da pudor su pudor y sentimos como propias algunas de las cosas que cuenta en esa “poesía de la experiencia” del que es un digno representante. Ironía y autocrítica en cada estrofa.

Os dejo unos poemas de Benjamín Prado y Javier Salvago, yo guardo en el recuerdo sus voces en las noches del Picasso.

Asomado al balcón

Asomado al balcón que soy yo porque te amo,
pasas por mis recuerdos
igual que se atraviesa una casa vacía.
Frente a mi soledad
se alza seriamente
un viejo panorama de edificios sin luna:
luces suaves
de esta madrugada
con gente triste y niebla en las glorietas.
Luces brillantes de la madrugada.

Te quedas en Madrid. A mí me esperan
casas cerca del mar,
ese cansancio azul de los hoteles,
los cuartos alquilados
donde alguien ha muerto alguna vez.
No pasarán,
los días,
tan despacio.

Pero vendrán las lluvias,
la nostalgia creciendo
como crece el amor en épocas de guerra.
Alguien recordará, seguramente,
el largo invierno del ochenta y seis.

De “El corazón azul del alumbrado” 1991.Benjamín Prado
Corecciones
La vida se parece a esos poemas
que brotan, en principio, interminables,
retóricos, grandiosos y banales.

Luego vas corrigiendo hasta dejarlos
en lo poco que importa, en los dos versos
que dicen lo que todos ya sabemos
Variaciones y reincidencias (1985). Javier Salvago

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