“El mar”: un libro para sumergirse.

6 Jul

Este año hemos tenido el privilegio en la tertulia de la librería Rayuela de contar con la presencia de Patricia Gª Rojo, autora de “El mar”, publicado por SM y por el que recibió el premio Gran Angular en el 2015.

Patricia es cercana y desborda entusiasmo. Habla de la literatura y de  jóvenes lectores con conocimiento de causa ya que es profesora en un IES en Fuengirola y contagia la pasión que siente por los libros, propios y  ajenos, dejándonos un buen listado de recomendaciones.

El libro que nos reunió, “El mar”, es una invitación a sumergirnos en su aventura desde la cubierta: una cuidadísima edición con solapas desplegables y troquelados que nos permiten curiosear en ventanas y fondos marinos de un azul intenso y que nos adentra, adelantándose a las palabras, en una historia fresca y original en la que fantasía y realismo han conseguido un raro equilibrio.

“Vivo en un tejado, tengo un barco hecho en su mayor parte de corcho, una piedra mágica y una novia que no me lo creo.
Aunque esto no siempre ha sido así.
Por eso lo cuento”

 Así inicia el protagonista y narrador esta historia que tiene como escenario una ciudad sumergida en la que sus habitantes ocupan las azoteas para sobrevivir. Un escenario fantástico poblado por seres de carne y hueso, tan reales, que resulta muy sencilla la identificación desde las primeras páginas del libro.

Rob, nuestro protagonista, es un héroe cotidiano que ignora su propia valía y que está enamorado de una chica que le resulta inalcanzable. Rob perdió a sus padres cuando el mar lo inundó todo, se dedica a la caza de tesoros, y  vive arropado por sus amigos en esa comunidad de los tejados en la que hay que luchar a diario y donde también existen los desencuentros. De la mano de Rob vamos conociendo a los distintos personajes y descubriendo su particular forma de vida. Las descripciones que aparecen en el libro son de una enorme plasticidad, haciéndonos evocar nuestras propias inmersiones en el agua y el asombro mil veces renovado frente a la inmensidad del mar.

Un día , Rob encuentra una piedra mágica que va a cambir su existencia y que  desencadena una serie de peripecias que nos mantienen en vilo hasta conocer el desenlace.

Confiesa la autora que convive con sus protagonistas a diario y los imagina reaccionando ante determinadas situaciones; esta convivencia produce en el lector esa sensación de verosimilitud que caracteriza a los buenos libros y que convierte en reales a los personajes de papel.

La estructura del texto, distribuida en 100 capítulos breves, confiere al mismo agilidad y fluidez, encontrándonos al final del mismo casi sin darnos cuenta. Una última sorpresa nos aguarda antes de cerrar el libro: una doble página en la que, en formato cómic, podemos identificar a golpe de vista a los habitantes de esta singular ciudad. Nacho Pangua ha representado con sencillez y acierto los distintos personajes, y lo único que lamento es  haber descubierto estas imágenes al terminar mi lectura.

El amor, la amistad, la aventura y la magia están presentes en este libro que te hace reír a carcajadas , y sobre todo,  soñar, soñar  con una sociedad diferente en la que la felicidad se encuentre en las cosas más sencillas.

Una lectura refrescante para estos días de verano. Una autora a tener en cuenta.

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El principito: viaje al centro del corazón

3 Jun

Este año celebramos en las Bibliotecas Municipales de Málaga el 75 aniversario de la publicación de “El principito” con un taller dirigido a adolescentes de los centros educativos de la ciudad.

Confieso que me acerqué de nuevo al libro con una cierta precaución, temiendo por un lado que la lectura adulta del mismo me desilusionara, y por otro, que hubiera quedado obsoleto como ha ocurrido con otros títulos leídos en mi infancia. Por suerte, esta lectura hecha a la luz de la experiencia me ha resultado tremendamente placentera y permitido descubrir, ahora sí, la profundidad de su mensaje.

“El principito”, escrito e ilustrado por Antoine de Saint- Exupéry durante una estancia en Nueva York, nos habla de un viaje, de un camino que todos recorremos y que nos lleva desde la infancia a la madurez. Un camino que nos obliga a dejar parte del equipaje y a reflexionar sobre aquellas cosas realmente importantes que debemos llevar en la maleta.

El pequeño príncipe mira el mundo de los adultos con ojos de asombro, sin entender lo absurdo del comportamiento humano, los afanes que mueven a los mayores y que, desde la sabia perspectiva de la infancia, carecen de sentido.

Hay mucho del autor en estas páginas: la referencia al desierto y el accidente que llevó a Saint Exúpery al borde de la muerte; la rosa, reflejando la compleja relación que mantuvo con su esposa Consuelo Suncín y sobre todo, la actitud vital de un hombre que vivió siempre al límite su pasión de volar, y que quizá por ello, supo distinguir lo esencial de lo superfluo y poner en boca de sus personajes frases que nos hace pensar.

Las adicciones, el trabajo alienante, el afán de poder o dinero no son por desgracia lacras de otros tiempos, están presentes en la sociedad actual, con otras caretas y otras formas, pero igualmente tristes. Los chicos han sabido descubrir las conexiones que tiene esta historia con su propia vida, reflexionar sobre la vanidad que hay en las redes sociales, la prisa que marca nuestro día a día y la fragilidad de las relaciones humanas.

Quizá debamos  los adultos volver a leer “El Principito” como han hecho los chicos y rescatar al niño que fuimos, recordar el placer de descubrir, amar sin condiciones, buscar tiempo para la amistad y reír como hace nuestro protagonista.

Argumentos para los no lectores

24 Mar

El 27 de febrero asistí a la Jornada Presente y Futuro del Libro y la Lectura en la Biblioteca Nacional y pude escuchar una vez más  a José Antonio de Marina. Asistir a una conferencia de Marina es abrir una ventana, aprender a mirar las cosas de otra forma y asombrarse una vez más con la capacidad de este hombre de mente lúcida para adaptarse a las nuevas circunstancias y hacernos reflexionar.

Todos sabemos que frente a una minoría en lento crecimiento, la mayor parte de nuestros adolescentes no se acercan a los libros más allá de las lecturas obligatorias de la escuela y ya no les valen los viejos argumentos de que la lectura es una fuente de placer y diversión porque hay otros muchos medios para cultivar el hedonismo que requieren un esfuerzo mínimo por parte de nuestros jóvenes: redes sociales, videojuegos y series televisivas han copado el espacio que ocupaban antes los libros.

Los niños no duermen siesta, ni los veranos son eternos como eran antes. Ahora todo va a un ritmo mucho más vertiginoso y resulta complicado encontrar un espacio de quietud para dedicarlo al arte de la lectura. Debemos inventar nuevas estrategias para convencer a los jóvenes, no sólo de la bondad, sino de la necesidad de leer.

Debemos leer porque a través de la lectura enriquecemos nuestro lenguaje y eso nos permite desenvolvernos con seguridad en el mundo. Quién se apropia del lenguaje tiene la capacidad de convencer, de argumentar y de matizar. El pensamiento toma forma en la palabra, y si no necesitamos la lectura para divertirnos, sí necesitamos las palabras para vivir, para comunicarnos y yo diría que para ser.

El pensamiento es lo que nos diferencia de los animales no racionales, y también el lenguaje nos aleja de estos, pues nos permite comunicarnos más allá de nuestras necesidades y pulsiones básicas. Hablamos y pensamos o pensamos y hablamos…importante establecer el orden en este tándem.

Necesitamos leer, del mismo modo en que necesitamos conversar, para hacer nuestras las palabras y descubrir las sutilezas del propio pensamiento. Las palabras nos empoderan, y aquél que se adueñe de ellas tendrá la posibilidad de establecer relaciones personales más sólidas en las que las emociones puedan expresarse sin provocar confusión. Como dice J. A. de Marina, los fracasos en las relaciones, tanto personales como sociales, son consecuencia de la falta de palabras: fracasan las parejas, los negocios o las políticas porque las partes no hablan o lo hacen de forma imprecisa.

Sentirnos dueños de las palabras nos permite ir configurando no solo el mundo personal más rico, además determina nuestra postura ante la sociedad y nuestra forma de relacionarnos con el otro. El lenguaje coloquial es limitado y necesitamos leer para acceder al lenguaje literario que nos proporciona un vocabulario más amplio, más exacto y más hermoso con el que vestir nuestros pensamientos. Estoy convencida de que el contacto temprano con el lenguaje poético proporciona a los niños una actitud diferente ante la vida, la posibilidad de vislumbrar otros mundos más allá de la realidad, a veces poco amable, que les toca vivir.

Y junto a este argumento irrefutable que nos da Marina, debemos saber que la lectura nos proporciona también un espacio de silencio necesario para poder crecer. Frente al ruido permanente que nos rodea, las interrupciones constantes de los wasaps o las llamadas telefónicas, la lectura ha de reivindicarse como un lugar de sosiego y reposo en el que poder descubrirnos y dialogar con nosotros mismos. Resulta significativo el hecho de que estén proliferando espacios pensados para esa lectura silenciosa, lugares en los que el único requisito es el de dejar apagados ( y fuera de la estancia pediría yo)los dispositivos móviles para poder encontrarnos a solas con las páginas.

Quizá estos argumentos sigan sin ser suficientes para las nuevas generaciones, pero ningún joven puede negar la realidad de que seguimos necesitando las palabras para enamorar a pesar de la importancia que esta sociedad da a la imagen.  Esgrimamos pues este argumento y crucemos los dedos para que vuelvan la mirada hacia los libros.

Oficio de poeta: tejer desde la mirada

20 Ene

Metáfora en la Biblioteca Escolar del IES Belén, Málaga

Acabo de terminar una maratoniana semana de talleres de poesía visual con alumnos de ESO y Bachillerato. Confieso que me ha dado pena que finalizara porque me resultan especialmente gozosos estos encuentros y no dejo de sorprenderme con la profundidad y belleza de algunas de las respuestas de los alumnos.

Muy pocos jóvenes se confiesan lectores de poesía: “no entiendo”, “me aburre” o “no dice nada que me interese” son algunas de las frases que se repiten al inicio de cada sesión, así que voy a sintetizar los argumentos que llevo en mi maleta para intentar desmontar este posicionamiento antipoético.

– Punto número uno: la poesía tiene un itinerario personalísimo que va del corazón a la cabeza. De la misma manera que nos abandonamos a una melodía y llega a conmovernos, podemos abandonarnos a las palabras y sentirlas antes de entender su significado. Incluso me atrevo a decir que esto no siempre es necesario.

– Punto número dos: un libro de poesía no se lee de un solo golpe. Ha de estar al alcance de la mano, abrirlo cuando se necesite y volver más de una vez sobre los versos para empaparnos de su esencia.

– Punto número tres: la poesía es un juego y con espíritu lúdico debemos acercarnos a ella. El poeta revuelve los adjetivos, cambia el orden de las palabras y nombra de forma diferente con intención de sorprender al lector.

– Punto número cuatro: la poesía es la matemática del lenguaje, el arte de la palabra exacta, aquella que sintetice con precisión lo que el poeta quiere expresar. Palabras contundentes que acaricien o golpeen.

– Punto número cinco: lo que realmente distingue al poeta es la mirada.

Y es precisamente la mirada el punto de partida de nuestro taller.

¿Cómo es la mirada del poeta?

El poeta mira con la curiosidad de un niño que está estrenando el mundo.
El poeta mira con detenimiento sin dejarse arrastrar por el vértigo de la vida.
El poeta coloca su torre de vigía cada vez en un lugar porque aprendió que cada luz, cada distancia, nos da una perspectiva distinta de las cosas.
El poeta se fija en el detalle porque sabe que la más mínima muesca puede marcar la diferencia.
El poeta tiene una mirada profunda, araña la piel de lo que ve hasta llegar al corazón de las cosas.
El poeta, este poeta sin prisas, cierra los ojos para ver mejor en su interior y después establecer alianzas sutiles entre lo que ve dentro y lo que ve fuera.

Y desde esta doble mirada, los alumnos,  poetas en ciernes, tejen sus versos para contar y contarse.
Un placer recorrer estos caminos con vosotros.Gracias.

“Leer te da vidas extras”: planes que hacen soñar

13 Sep
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Lena Vargas Afanasieva

Desde mayo contamos con un Plan Nacional de Lectura, que bajo el hermoso título de “Leer te da vidas extras”, pretende potenciar las actuaciones en torno al libro y a la lectura hasta el año 2020. Confieso que me  ilusionó tanto la idea de todo un país implicado en la tarea de formar lectores que me he puesto a soñar…

Sueño con la implicación de todas las administraciones, remando juntas y en la misma dirección con el objetivo de hacer, de esta nuestra España, una nación lectora.

Sueño con la elaboración de Planes Locales de Lectura que apoyen, doten y coordinen proyectos en torno al libro y la lectura en municipios de todo el país.

Sueño con profesores que lean con entusiasmo a sus alumnos, cumpliendo con el  deber  principal de todo docente: provocar el gusto por la lectura.

Sueño con familias unidas en torno a un libro, acudiendo a librerías y bibliotecas para escoger historias para compartir.

Sueño con clubes de lectura en bibliotecas, centros escolares, asociaciones y en cualquier otro espacio físico o virtual donde sea posible el diálogo.

Sueño con una lectura accesible para todos, convencida de que no hay herramienta más integradora e inclusiva que la lectura.¡¡Viva la “Lectura Fácil”!!.

Sueño con empresas que se impliquen en este Plan Lector y que no sólo ejerzan labores de mecenazgo, sino que den ejemplo promoviendo actividades que tenga al libro como protagonista.

Sueño con que las pantallas y las ondas se llenen de programas culturales en los que libros y lectores sean los protagonistas.

Sueño con versos que me seduzcan en todos los rincones, escritos en bolsas del supermercado, azucarillos o paneles de publicidad.

Sueño con que proyectos como el de Casas Lectoras de Madrid se extiendan por todo el país, pues son un ejemplo de buen hacer y de colaboración institucional.

Sueño con rostros emocionados escuchando  historias de boca de un narrador, como ocurre cada año en el Maratón de Cuentos de Guadalajara, de Baeza o de Benalmádena.

Sueño con que se afiancen los vínculos entre bibliotecas públicas y centros escolares construyendo una base sólida para una nueva sociedad lectora.

Sueño con libros en los escaparates, en tiendas de ropa o carnicerías : libros junto al pan nuestro de cada día.

Sueño con la apertura de nuevas librerías en las ciudades, convertidas en espacios vivos de encuentro e intercambio de lectores.

Sueño con jóvenes que utilicen las redes para hablar de aquello que leen y que cuelguen en Instagram imágenes con el libro como protagonista.

Sueño en viajar en autobús y no ver el rostro de los viajeros porque lo tienen sumergido en un libro o en un periódico.

Sueño con que se multiplique el número de seguidores de blogs como el de Anatarambana, BiblioabrazoDónde Viven los Monstruos o Soñando Cuentos  porque eso significará que cada vez somos más los interesados en aprender sobre libros y estrategias lectoras.

Sueño con cuentacuentos voluntarios que vayan al encuentro de los chicos en sus barrios,  para descubrirles las mil vidas que esconden los libros.

Sueño con recuperar tradiciones orales en residencias de mayores o Escuelas de Adultos, porque no hay mejor libro que el que se escribe y transmite de una generación a otra.

Sueño con bibliotecas escolares que sean realmente el corazón de la escuela, dotadas del  personal necesario para desarrollar su labor y que las BE andaluzas sean modelo a imitar en el resto del territorio nacional.

Sueño con grupos de cooperación bibliotecaria que puedan realizar campañas conjuntas en pro del hábito lector rentabilizando medios y multiplicando resultados.

Sueño con que el mundo editorial siga creciendo y pariendo libros de calidad que formen lectores exigentes y críticos.

Sueño con miles de álbumes ilustrados, poblados de imágenes que maravillen a lectores de todas las edades.

Sueño con bebés inscritos en la biblioteca al tiempo que nacen y que lleven en la canastilla su primer libro.

Sueño con que los escritores sean reconocidos y gocen de la popularidad de la que gozan los deportistas.

Sueño con jóvenes que viajen de la pantalla al libro, porque entre el  cine y la literatura hay una vía  de doble sentido.

Sueño con que se multipliquen instituciones y asociaciones como La FGSR, la Fundación Alonso Quijano o La casa de Tomasa porque su labor es imprescindible.

Sueño con que crezca el número de lectores de poesía y que cada vez seamos más los que nos asomemos a un poema para descubrirnos.

Sueño con políticos, cantantes y jugadores de fútbol que comenten sus lecturas en las entrevistas y visiten los colegios para hablar de aquellos libros que le cambiaron la vida.

Sueño con que miremos hacia aquellos países que son ejemplo de sociedad lectora y aprendamos de lo que ellos hacen.

Sueño con redes sociales que estallén como polvorín y prendan entre sus seguidores la pasión por  leer.

Sueño con sembrar libros, sumar sueños y enriquecer el contenido a este Plan Nacional que sólo tendrá sentido si unimos esfuerzos y entendemos que esta es una labor de equipo en la que todos sumamos con nuestras iniciativas.

Sueño y quiero realidades.

Palabras para viajar en coche

14 Ago

Oliver Flores

En estos días de  vacaciones confieso que tengo algo revuelta la nostalgia y añoro incluso los tediosos viajes en coche con los que se iniciaban los  veraneos de mi  infancia. Nos levantábamos temprano para evitar las horas de calor y después de organizar  un turno riguroso de ventanilla comenzábamos, apretujados como sardinas en lata, un trayecto  que entonces nos parecía interminable.  Las carreteras eran malas, las curvas muchas  y el aire acondicionado no existía en nuestro Opel Kadett, una especie de furgón funerario en el que conseguíamos meternos los seis hermanos. Perfectamente sincronizada con el arranque del motor, la preguntaba  : ¿cuánto falta? , se escuchaba nítida e impertinente para desesperación de mis progenitores.

Mi madre era una mujer de recursos, inmediatamente comenzaba con el juego del “Veo veo” con el que conseguía entretenernos durante un tiempo y a ese le seguía  “De la Habana ha venido un barco cargado  de ….”  que desencadenaba una avalancha de palabras  en la que todos aportábamos nuestro grano de arena. Después venían los concursos de trabalenguas, de adivinanzas,  refranes y  versos. Siempre ha sido mi madre una magnífica recitadora y nos gustaba escucharla y aprender, casi sin darnos cuenta, esos poemas que nos decía con sentimiento y que memorizábamos con verdadero placer.

Entre las miles de cosas que llevaba en su  bolso de viaje siempre había un pequeño diccionario que abría al azar, animándonos a inventar definiciones para esas extrañas palabras cuyo significado desconocíamos al tiempo que nos educaba en el arte de la concreción. Inventar y después comprobar el significado real del vocablo enriquecía nuestro léxico con palabras insólitas para nuestros pocos años.

También las canciones nos acompañaban en estos viajes; ante la amenaza de mareo, cantábamos. Cantábamos a pleno pulmón y con mal oído, desde Serrat a Estrellita Castro, zarzuelas y  canciones de Cecilia, himnos, coplillas de corro o melodías de “Los tres sudamericanos”…todo cabía en este repertorio desafinado que sintonizábamos sin necesidad de dial y que aunaba corazones y generaciones.

Mi padre era el responsable de contar las historias, historias en las que los hermanos éramos los protagonistas y  en las que la tensión aumentaba en cada vuelta del camino esperando la aparición de Don Blas, el malvado de todas sus tramas, al que conseguíamos derrotar en cada ocasión. A veces la narración se detenía y el elegido tenía que continuar el hilo, razón que nos animaba a prestar atención y tener nuestra imaginación engrasada para no defraudar a los compañeros de viaje.

Así comenzaban nuestras vacaciones  y así lo repetimos con nuestros hijos: juegos sencillos con los que educábamos en la escucha, tejíamos historias y engrosábamos el vocabulario con palabras nuevas. Tiempo compartido y disfrutado.

Ahora los coches son mucho más cómodos, no hay que levantarse al alba y  las curvas no existen en las  autopistas. Los más pequeños van conectados a  pantallas en las que  ver sus dibujos y los adolescentes llevan incorporados auriculares que los aíslan del mundo impidiendo cualquier conversación. Incluso la radio ha dejado de tener sentido en estos viajes en los que cada uno tiene su propia pantalla a la que asomarse.

Lo siento, pero creo que tengo motivos para la añoranza.

“El cuento infantil y otros géneros literarios infantiles y juveniles”

14 Jun

Llega el verano y con él , tiempo para poder abordar la lectura de novelas interminables y libros profesionales que el ajetreo cotidiano no nos permite.

Para los que de algún modo nos dedicamos a mediar entre libros y lectores,  “El cuento infantil y otros géneros literarios infantiles y juveniles”  de Isabel Borda Crespo, publicado por Aljibe,  debe encontrar un hueco en nuestra maleta veraniega para quedarse a la vuelta de las vacaciones  muy a mano y  acompañarnos en nuestra tarea diaria.

Isabel Borda Crespo es profesora de Literatura Infantil  en la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Málaga desde hace más de veinte años y sobre todo, es una lectoras incansable y  apasionada. Isabel escribe con conocimiento de causa y con la claridad que la docencia propicia. Según confiesa la propia autora, en los orígenes de este libro está el deseo de dar a sus alumnos una herramienta útil para realizar la labor de mediación lectora que debe asumir todo maestro, pero en mi opinión, este libro tiene un público mucho más amplio que aquel para el que Borda lo concibió, siendo un libro de referencia para padres, bibliotecarios y profesores que quieran adentrarse en la literatura infantil con algunas certezas.

Estructurado cada capítulo en torno a un género,  partimos de la identificación del mismo, descubrimos los cambios sufridos a lo largo de los años y cerramos con una cuidadísima selección de títulos que harán las delicias de los lectores y facilita la labor a los mediadores. Conocer la evolución de  un género nos permite adentrarnos en la propia historia pues la literatura, tanto adulta como infantil, es el reflejo de la sociedad en la que nace y me gusta pensar que también la responsable del cambio de la misma. Confieso que me ha resultado especialmente placentero ese paseo por los libros que llenaron mi infancia e imagino  que les ocurrirá otro tanto a mis coetáneos. Para las nuevas generaciones supondrá una inmersión en la literatura de los dos últimos siglos a la que espero se enfrenten con una mirada curiosa y crítica.

El capítulo dedicado a la poesía  abarca desde los juegos de rima de la infancia hasta poemarios de autores actuales como Mar Benegas o Raúl Vacas, adentrándonos  con sencillez en la lírica infantil.

El teatro es el protagonista del tercer capítulo en el que se  destaca el valor  de este género literario como herramienta didáctica y de educación emocional.

Pero es, sin duda alguna, el capítulo dedicado al álbum ilustrado el que resulta más novedoso, y no sólo por ser “el producto revelación del siglo XXI en la literatura infantil” sino por dar las  claves de este género desconocido para una gran mayoría  y desvelar su enorme potencial.

El álbum ilustrado es un producto diseñado para seducir en el que todos y cada uno de los elementos tienen una función narrativa: desde las guardas a la tipografía, el tamaño, color o la disposición  en la página. Es la imagen la primera que llama la atención del lector, incidiendo directamente en la emoción y logrando una simbiosis con el texto que refuerza y multiplica la fuerza narrativa del género. Un género que favorece la lectura compartida, diluyendo la barrera adulto/ niño, por poseer en su naturaleza intrínseca distintos niveles de comprensión, lo que queda avalado por  el crecimiento exponencial del número de lectores adultos . En un mundo dominado por la imagen, el álbum ilustrado supone no solo un aprendizaje estético, sino que  prepara al lector para decodificar el mundo más allá de las páginas del libro….de todo esto nos habla Isabel Borda  acompañando sus reflexiones con numerosos ejemplos.

“De tebeos, historietas y cómics” es el título del capítulo con el que  cierra el libro, sintetizando en el mismo la evolución de este género que  se ha ido prestigiando a lo largo de los años y  es citado por muchos de nuestros escritores consagrados como elemento imprescindible en su formación lectora. Género versátil que permite un acercamiento al niño y al adulto, perfilándose  las diferencias de público  más en función de la temática que del formato. En  palabras de Trabado  Cabado, este género en permanente cambio, “nace de contarle a un adulto cosas como si fuera un niño”.

Espero que estas líneas os animen a acercarnos a este libro de atractivo diseño y muy visual, que permite pasar las páginas recreándose en las portadas e ilustraciones que salpican sus hojas  y en la que podemos encontrar webs de referencia y una amplia bibliografía para quien quiera seguir profundizando en el tema.

Isabel Borda Crespo ha conseguido un difícil equilibrio entre erudición y divulgación, escribiendo un manual accesible que, estoy convencida,  resultará del agrado tanto de  expertos como de  profanos en el tema.

¡¡Feliz lectura!!

 

 

Gloria Fuertes: poeta de guardia

9 May

Llevo paseando con Gloria Fuertes desde el inicio de este 2017 con el taller “Gloria Fuertes: poeta de guardia” para  celebrar el centenario de su nacimiento como a ella le hubiera gustado: con niños, versos y risas.
Entre los chicos y la poesía de Gloria Fuertes no hay barreras, ella habla su mismo lenguaje, los sorprende permanentemente con sus bromas, con los giros que esconden sus versos,  los juegos de palabras que propone en cada estrofa; con la poesía de Gloria podemos rapear, cantar nanas, vocear como si estuviéramos en un mercado o pintar, como nos sugiere en “La oca loca”, a sus distintos personajes.
Nos adentramos en su biografía para entender el porqué de sus poesías, la defensa a ultranza de la paz, su mirada compasiva sobre los que sufren y el amor hacia la naturaleza en todas sus manifestaciones. No tuvo Gloria una vida fácil, tal y como ella nos cuenta:
“A los nueve años me pilló un carro
y a los catorce me pilló la guerra;
A los quince se murió mi madre, se fue cuando más falta me hacía”.
Nacida en Madrid en el seno de una familia humilde
“Era una niña con zapatos rotos, y algo triste porque no tenía muñecas.”
Las pérdidas y carencias que tuvo a lo largo de su infancia no hicieron de ella una persona amarga. Gloria hizo de la alegría su bandera y provocó la reflexión utilizando el humor para contar aquello que sabía necesario: “antes que contar las sílabas, el poeta tiene que contar lo que pasa”. Nadie mejor que un poeta para dar testimonio de lo que ocurre, pues son ellos, con la precisión de su lenguaje, los que mejor pueden hacernos reflexionar sobre este caótico mundo que estamos construyendo.
Los que hemos crecido con los versos de Gloria Fuertes sabemos que su voz y su imagen forman parte de nuestros recuerdos jubilosos. Programas como “La cometa blanca” o “Un globo, dos globos, tres globo” viven en nuestra memoria junto a su inconfundible figura de corbata masculina y regazo de abuela. Todos hemos reído con sus poemas de rimas a veces imposibles, impregnados de humor, pero no por ello superficiales. Su poesía es intemporal y nos sorprende con la modernidad de su pensamiento preocupándose de forma anticipada por temas como la ecología, la igualdad de género o la solidaridad; nuestra poeta es una “poeta de guardia” como a ella le gustaba definirse y seguimos aprendiendo cada vez que leemos sus versos.

A pesar de que es su poesía infantil la que le ha dado más fama, no podemos olvidar su importancia como autora de poesía para adultos ni su vinculación con el grupo poético del 50 con el que compartía sus temáticas de denuncia moral,   logrando por la claridad y sencillez de su lenguaje  más popularidad que la mayoría de sus congéneres.

Su sentido de responsabilidad social le llevó a organizar una biblioteca móvil que llevaba libros a los lugares donde estos eran de difícil acceso. Viajó a EEUU donde ejerció la docencia avalada por la calidad de su creación siendo su obra objeto de numerosos estudios en este país.  Su carácter solidario traspasó las fronteras de la vida legando toda su fortuna a la “Ciudad de los muchachos”, fundación que realizaba una extraordinaria labor con jóvenes desfavorecidos.

Gloria, que se definió en su poesía autobiográfica como “solitaria, religiosa, lesbiana, enamoradiza, soltera, feminista, fumadora empedernida, pacifista, castiza y poeta”, fue una mujer generosa, de verso certero y cercano, con la que estoy convencida hubiera hecho muy buenas migas, “migas” de pan y “migas” de amiga, que diría ella.

INSTRUMENTAL . Memorias de música, medicina y locura.

21 Mar

índiceConfieso que me ha sobrecogido la lectura de “Instrumental”. James Rhodes, reconocido concertista, escritor y renovador de la música clásica ha escrito unas memorias en las que habla sin tapujos de los abusos sexuales que sufrió en su infancia y las secuelas que estas violaciones reiteradas han dejado en su vida. Hablar de ello en primera persona, sin recrearse pero también sin esconderse no ha debido de resultarle fácil, pero nadie mejor que él sabe de la necesidad de visibilizar ese tipo de acciones para que la sociedad tome medidas y evite que estos actos se repitan y queden impunes.

La fragilidad de una criatura de seis años nos provoca un rechazo visceral hacia los que ejercen este tipo de violencia con la brutalidad que el libro nos insinúa. La inocencia no se puede perder a esa edad, pero ¿cómo seguir confiando en el ser humano después de estas agresiones invisibles para el resto de la gente?. Da miedo pensar en la cantidad de historias similares que quedan silenciadas marcando para siempre a los protagonistas, que arrastran de por vida problemas de todo tipo. Mente perversa la que hace sentir a la víctima como culpable y le obliga a esconder y callar las vejaciones sufridas.

Aterra pensar en el sufrimiento diario, en la sordera de aquellos que lo rodeaban ante sus súplicas y, sobre todo, la quiebra de la esperanza, la autodegradación sobrevenida después de una experiencia tan traumática. Convertirse en otro, mentir, prostituirse por un helado, vivir con el asco como parte de la vida, desdoblarse para poder descansar durante unas horas …terrible.

Sólo la inteligencia privilegiada del autor, que se enfrenta a sus monstruos con perseverancia, logran convertir este libro en todo un ejemplo de lucha por la propia vida. La música, la toma de conciencia de la necesidad de ayuda y también el encuentro con personas maravillosas, generosas y sinceras que no le permitieron esconderse de sí mismo, han logrado que este suicida reincidente consiga reunir el valor necesario para exorcizar su dolor.

El tono del escrito, directo, como si de una conversación se tratara, provoca una empatía inmediata y permite que acompañemos al autor por el infierno de sus días. Junto al dolor, encontramos amores incondicionales, amistad y generosidad que llegan en muchos casos de mano de desconocidos, y sobre todo, la pasión desbordada por la música que se convierte en herramienta terapéutica.

“Es un hecho irrefutable que la música me ha salvado la vida de una forma literal, y creo que también la de un montón de personas más. Ofrece compañía cuando no la hay, comprensión cuando reina el desconcierto, consuelo cuando se siente angustia, y una energía pura y sin contaminar cuando lo que queda es una cáscara vacía de destrucción y agotamiento”.

Cada uno de los capítulos va encabezado por una pieza de música clásica y una breve biografía sobre el autor y las circunstancias de creación de la obra. No escucho con asiduidad este tipo de música, pero he simultaneado la lectura con la audición de las obras recomendadas y descubierto una maravillosa selección que me ha conmovido de la misma manera que lo han hecho las palabras del autor. Vidas también desgarradas y llenas de sufrimiento la de muchos de estos grandes músicos e intérpretes, haciéndome pensar que a menudo es la necesidad de compensar el dolor lo que provoca la creación de  sublimes piezas de arte.

Que la vida es una lucha no es algo que descubramos a estas alturas, pero por suerte, no a todos nos ha tocado vivir permanentemente en la trinchera. Los problemas personales se ven minimizados ante la historia de James Rhodes que, sin embargo, logra comenzar una y mil veces a reconstruirse desde la nada. Y triunfar, amar, luchar por lo que quiere y ser consecuente, asumiendo responsabilidades y desvelando una nueva forma de interpretar y acercar la música clásica a los profanos. Me descubro ante este autor y agradezco su valentía y sinceridad. Hay mucho horror pero también mucha vida, mucha pasión y mucha música en estas páginas.

Cerramos con la última cita de Schumann en el libro: “Mandar luz a la oscuridad del corazón de los hombres: ése es el deber del artista”. Creo que todos tenemos ese deber, hagamos lo que hagamos en nuestra vida.

Os dejo el enlace web  donde podemos acceder de forma directa a la banda sonora de este libro. Tendremos a James Rhodes  en Málaga compartiendo con nosotros la Noche de los Libros en la Térmica el día 21 de abril.No dejéis de ir.

“Emprender por amor a los libros”

17 Feb

c2j-ed2xuaevu2mEl día 14 de febrero, en la sede del Centro Andaluz de las Letras y  bajo el sugerente  título  “Emprender por amor a los libros: entre el ocio y el negocio”, se desarrolló un encuentro entre distintos profesionales del sector.

Abriendo puertas estuvo Ana Cabello, gestora cultural y organizadora de la jornada, que nos dio una visión general de la situación del mundo del libro y la edición  hablando de la necesidad de innovar  y reinventarnos cada día para acomodarnos a las demandas del mercado y a las nuevas formas de lectura y de cultura. Los “letraheridos” asistentes la acompañamos en un vertiginoso viaje  por exitosas experiencias  de librerías y editoriales  haciéndonos reflexionar sobre la necesidad de que  “cuadren los números”  en este mundo de letras.

Jesús Otala, responsable de la librería Proteo/Prometeo, nos desveló los orígenes de la librería, un refugio de libertad durante los años de la dictadura que mantiene vivo  su compromiso social. La flexibilidad como arma para sobrevivir en tiempos de crisis y la necesidad de establecer sinergias  buscando nuevas formas de acercarse al lector lo convierten en un ejemplo a seguir en estos tiempos difíciles para las librerías.

Ana Morilla compagina su labor de escritora, docente y editora. Multiplicar los caminos y las oportunidades fue el núcleo de su mensaje, claro y fresco como su persona. Establecer colaboraciones con otras editoriales  y cultivar los vínculos personales, su mejor estrategia de marketing.

Alicia Acosta llegó con el corazón en la mano y la libertad como bandera. Las palabras de Daniel Pennac en su voz fueron un auténtico regalo y su dilatada experiencia como narradora, en contacto directo con lectores de todas las edades, nos dieron claves sencillas e infalibles para consolidar lectores: un buen libro, una lectura vinculante y los afectos como material de ensamblaje.

Ferrán Fernández, poeta y  editor de Luces de Gálibo nos confesó su lucha contracorriente  por mantener  a flote un sueño. El orgullo con el que hablaba de sus libros, la libertad con la que selecciona los títulos y la cuidada edición de su colección nos hicieron minimizar los asuntos contables.

Clara Canela, editora de Canica Books hizo una sencilla exposición  de lo que supone el oficio de editor. Su formación empresarial y el conocimiento profundo del álbum ilustrado han permitido la viabilidad de esta joven empresa en la que prima el criterio de calidad y en la que cada libro ha sido mimado hasta el último detalle. Tal y como nos confió Emmanuel  Lafont, una parte importante del éxito de Canica Books reside en la cálida personalidad de la editora  y  en su respeto profundo por el autor. Pasión y juego fueron las consignas de este artista que se considera un privilegiado por seguir disfrutando cada día con su trabajo y cuya obra os animo a conocer.

Nacho de Castro nos presentó la plataforma Nubico, definido como el Spotify libresco,  una prometedora empresa en expansión que facilita por un precio  reducido el acceso a una gran cantidad de títulos que permite su lectura en distintos dispositivos. Le auguramos un rápido crecimiento.

Borja Martínez, editor de la revista Leer, nos recordó la sólida trayectoria de la publicación culminando la jornada con la intervención de Manuel Gil, escritor y actual director de la Feria del Libro de Madrid, con el título  “Los futuros del libro: papel vs. digital”. Necesaria reflexión la de ajustar la oferta a la demanda,  aumentar el tamaño de las editoriales y repensar el papel de estas teniendo en cuenta el crecimiento exponencial de la lectura digital que obliga a formar a nuevos profesionales en este ámbito. Reivindicó la importancia de la industria del libro y su necesidad de ser apoyada desde las instituciones públicas.

Nos supo a poco el networking con el que se clausuró la jornada en la que distintos emprendedores del mundo del libro dieron a conocer su proyecto: Estrategias para artistas, Magic Books, Relatos de una lengua, Spectador Producciones y Zoque. Propuestas frescas y creativas que abren nuevos caminos de acceso  a  la lectura.

La jornada, intensa y gratificante, dejó poco tiempo para el diálogo aunque permitió expresar el deseo de seguir provocando sinergias para incrementar el número de lectores en nuestro país. Lamenté que no hubiera docentes y bibliotecarios entre los asistentes, seguro que en su condición de mediadores de la lectura hubieran podido aportar alguna idea.

Felicidades a los organizadores.

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