“Lo que sabe Alejandro” : filosofía cotidiana.

27 Oct

“Ya me cansé de que las personas mayores me digan que yo no sé nada de la vida, así que voy a escribir todo lo que he visto con mis propios ojos y oído con mis oídos.”

Con esta declaración de principios comienza el libro “Lo que sabe Alejandro” de Andrés Pi Andreu e ilustraciones de Luis Castro Enjamio, un acierto más de la editorial Milenio.

Alejandro, como yo lo estuve en tiempos, está harto de que no se tenga en cuenta su opinión. Ser pequeño no significa ser ignorante y él está dispuesto a dejar constancia de todo aquello que sabe; lo va a hacer de una forma ordenada a lo largo de 99  breves capítulos numerados , tal y como le enseñaron en el cole.

En el número 0 Alejandro nos habla de sí mismo :”Yo soy un niño y tengo ocho años y medio. Me llamo Alejandro y quiero ser astronauta”. Confieso que me encanta esa concisión y la manera en que nuestro protagonista nos va desvelando página a página los detalles de su universo. No necesita muchas palabras para que nos hagamos una idea clara de cómo es aquello que lo rodea: la calle que empieza en la puerta y la ventana , que tiene bordillos y niños que corren…El abuelo que pasea con auriculares o ese padre de fin de semana que ha dejado de llamarse “Nenito” para pasar a ser Ernesto simplemente.

“Lo que sabe Alejandro” es un original y divertidísimo tratado filosófico aún sin proponérselo.

Alejandro, como todos los niños, se hace múltiples preguntas y encuentra respuestas para la mayor parte de ellas. Observa la realidad y saca sus conclusiones, es original en sus razonamientos y nos hace reflexionar a los mayores sobre esa forma manida que tenemos de mirar el mundo.

La mirada de Alejandro es curiosa y atenta, se fija en el detalle, ve más allá de lo que todos vemos y aprecia la sutileza de un gesto, un olor o un objeto cambiado de lugar. Sabe del poder de las palabras y las explica a su manera: “Ironía” se usa cuando la vecina tiene dos coches pero no sabe conducir o cuando tu papá trabaja en una heladería y no te gusta el helado”. Convierte a Caperucita Roja en Raperucita Coja y se divierte enormemente buscando significados nuevos a las viejas palabras.

Es nuestro Alejandro un poeta espontáneo que sabe que cada lugar tiene su lluvia diferente. “En casa de papá Ernesto llueve con mucho escándalo sobre las tejas de cinc, en mi casa llueve en silencio y despacito , a través de la cortina , y en el parque llueve a cántaros, como si el aguacero tuviera escondida entre las nubes una bocina grande por donde sale su música de viento, agua y tambor.”

Padres, amigos, profesores, abuelos, vecinos y algún que otro animalillo pueblan el mundo de Alejandro. También habitan entre sus páginas la ternura, el sentido del humor y la sorpresa, convirtiendo su lectura en  un auténtico placer. Pocas veces nos encontramos con una voz infantil que nos resulte verosímil, pero sin duda alguna, Andrés Pi Andreu lo ha conseguido en este singular libro.

No puedo dejar de mencionar la ilustración de Luis Castro, que a pesar de la sobriedad del color y lo sencillo de su línea, matiza y añade valor al texto en una perfecta sincronía con las palabras.

“Lo que sabe Alejandro” está lleno de sugerencias para prolongar la lectura más allá de las páginas. Es una estupenda elección para compartir lectura a lo largo del curso y elaborar con nuestros hijos o alumnos un cuaderno propio en el que quede recogida su personalísima visión del mundo.

Hagámoslo, no olvidemos que crecen demasiado deprisa.

Biblioteca familiar: toda una vida

27 Ago

Este verano me ha tocado la emotiva y extenuante tarea de desocupar la casa de mis padres.

Los que han pasado por esta experiencia saben de lo que hablo: detrás de cada objeto, cajón, o  fotografía se encuentran agazapados los recuerdos y uno siente,  cuando  desecha alguno, que está cometiendo una pequeña traición. Mis padres han vivido en un lugar hermoso  y eran hermosos también los objetos  y  libros que los rodearon  conformando, del mismo modo que lo hacía el mundo que se asomaba por las ventanas, nuestro paisaje vital.

Desprenderme de los libros ha resultado difícil, algunos títulos los he tenido frente a mí  a lo largo de muchos años y desechar “El ajedrez es un juego fácil”, “Los que vivimos” o “Cuerpos y almas” ha supuesto una  pequeña quiebra con cada título. No importa que nunca jugara al ajedrez ni que la letra de “Cuerpos y almas” sea ya demasiado pequeña para mis cansados ojos: abandonarlos duele.

Detrás de las colecciones de Salgari o el Coyote veo a mi padre-niño absorto en sus aventuras y sigo escuchando la voz de mi madre cuando abro un libro de poesía y los versos de Machado me susurran al oído. A  veces un título me sorprende por lo insólito y recuerdo que en tiempos de lectura voraz y bolsillo ajustado, los libros se compraban al peso y  en ese kilo cabía un poco de todo.

Pasar las páginas de “Alrededor del mundo” me retrotrae a las tardes compartidas con mi abuelo, que me enseñaba lo extrañas y maravillosas que podían resultar otras culturas y me animaba a buscar en el atlas dónde estaban esos remotos lugares de los que el libro hablaba.

Libros también para mirar, deleitándome junto a mi madre ante la explosión de color de los impresionistas, descubrir que se puede “pintar” el aire en “Las Hilanderas”  o transportarnos de la mano de Cusachs al corazón de una batalla sin sufrir ni un solo rasguño.

Primeras páginas que hablan en sus dedicatorias de amistad y admiración, muchas veces acompañadas de cartas de agradecimiento de las que se dejaban copia para dar relevancia a la historia compartida.

Premios Nobel y Clásicos Españoles en papel de biblia y lomos de cuero. Agatha Christie, obras completas encuadernadas en rojo y la colección de RTVE de libros de bolsillo que se desencajan al pasar las primeras páginas: todos formando un anárquico ejército  entre los que resultaba milagroso encontrar un título concreto.

Historia. Historias. La heroica historia familiar. Historia de España. Historia universal. Historias íntimas  y personales. Historias de guerras y de descubrimientos. Biografías. La misma historia contada por bandos distintos.

Tropezar con un libro de Gila y volver a reír con sus viejos chistes; latir una vez más con la primera frase de “Guerra y Paz”: humor y amor compartiendo estante y dándonos lecciones de vida.

Buscar sin resultado una novelita que se llamaba “Bajo el cielo del Oeste” y alegrarme de no encontrarla: quizá Eugène, mi primer amor literario, no estuviera a la altura de mi recuerdo.

Y descubrir en cada estantería la curiosidad insaciable de mis padres que atesoraron meticulosamente todo lo publicado sobre temas de interés personal, con anotaciones,  páginas señaladas y comentarios sobre lo que en ellas aparecían. Ellos están allí, entre las líneas, escribiendo otra historia que nos pertenece a mí y a todos mis hermanos y que he releído con atención  y emoción  en estos días.

Soy consciente de que todos esos libros no pueden encontrar cobijo en nuestras casas de ahora, pero me gusta proporcionarles nuevas vidas poniéndolos en manos de aquellos  que puedan apreciarlos. Está resultando también una tarea hermosa esa de buscarles acomodo y encontrar otros lugares donde vuelvan a ser felices porque, estoy convencida, en casa de mis padres  lo fueron.

 

 

 

 

 

Libros por un tubo: jóvenes booktubers

19 Jul

Este año iniciamos desde las Bibliotecas Municipales de Málaga un taller dirigido a alumnos de secundaria y bachillerato que pretendía implicar a algunos chicos en la tarea de promocionar la lectura entre sus compañeros.

Las redes sociales forman parte de la cotidianidad del alumnado y aliarnos con ellas podría resultar una buena estrategia. El compromiso y colaboración de los docentes con los responsables del proyecto en bibliotecas ha sido imprescindible y, a pesar de las dificultades que muchas veces supone sacar a un grupo durante tres sesiones del instituto, contamos con unos profesores entusiastas e implicados que han hecho posible la culminación exitosa del taller.

Partimos de unas estadísticas que nos situaron en la realidad lectora de la juventud española e iniciamos un sondeo entre los participantes sobres sus gustos, títulos y géneros preferidos: el resultado fue muy variado ya que junto a auténticos devoradores de libros encontramos otros que se limitaban (y con esfuerzo) a las lecturas obligatorias de clase.

Con ayuda de los bibliotecarios seleccionamos un montón de libros juveniles de demostrado éxito entre los lectores adolescentes y sembramos una mesa con las propuestas: títulos sugerentes, cubiertas atractivas y lecturas al azar de resúmenes argumentales hicieron que picaran el anzuelo y que más de uno se fuera con un libro bajo el brazo. Primer objetivo conseguido.

Les propusimos que eligieran un título de su gusto y que pensaran las razones por las que recomendar su lectura, razones personales, subjetivas, sin trabas de ningún tipo. A partir de ahí, y tras darles a conocer a algunos booktubers de estilos muy distintos, estructuramos el contenido de la reseña y los chicos elaboraron su esquema con la lectura seleccionada.

Tras unas nociones básicas de actuación ante la cámara y de cómo grabar un vídeo, los participantes trabajaron por equipos grabando y editando los vídeos de forma autónoma; vídeos que compartimos en la última sesión y que despertaron el interés por los libros recomendados.

Confieso que inicié el taller con muchas incertidumbres, incertidumbres que se fueron disipando a medida que avanzábamos en las sesiones. Hay jóvenes que leen y lo hacen con criterio, que huyen de las imposiciones a las que se ven sometidos con las lecturas obligatorias y que les gusta compartir aquello que les ha emocionado por cualquier motivo. También esta experiencia me ha puesto en contacto con docentes magníficos que realizan una labor de escucha del alumnado, seleccionando títulos que compaginan sus intereses con la calidad literaria. La importancia de su labor como mediadores en la lectura es imprescindible, y en muchos casos, la única posibilidad que van a tener algunos de entrar en contacto con la literatura.

Os dejo el enlace de la página de Bibliotecas Municipales de Málaga con una muestra del buen hacer de estos chicos y chicas que han participado en el taller de “Libros por un tubo” con la petición de que lo compartáis, y sobre todo, de que os dejéis seducir por sus recomendaciones.

Historia de un pulóver azul

16 Dic

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A mi abuela Dominga, tejedora de afectos.

 

Yo tenía una abuela que tejía sentada en una mecedora; desmadejaba la lana con mi ayuda formando un ovillo perfecto del que asomaba un hilo mágico que guardaba mil formas secretas .

La abuela de Nando, el protagonista de nuestra historia, también teje. Cuando se enteró de que Nando estaba ya en camino compró una madeja del color del mar y no tuvo prisa en empezar la tarea, porque sabía que crecer requiere su tiempo y ella quería un jersey para abrigar el futuro.

A Nando lo conocemos en la portada de “Historia de un pulóver azul”, un libro de la editorial Milenio con textos de Florencia Gattari e ilustraciones Albert Asensio. Confieso que no pude resistirme a nadar en ese azul con el que el libro nos recibe,  ni a recorrer las palabras de esta historia intimista que relata con extraordinaria sensibilidad el vínculo especialísimo que se establece entre abuelos y nietos.

Elsa, la abuela de Nando, tejía y destejía mientras Nando cumplía años escuchando sus palabras y anhelando ese jersey que la abuela tenía siempre entre las manos.

“Tejo una tibieza
para cuando escuches cosas que no te gusten,
un pruebodenuevo
para cuando se te escape el pis en la cama
y dos puntos de paciencia
para cuando estés apurado por ser grande”

Teje la abuela Elsa la lana y los afectos y así lo muestran las ilustraciones de Albert Asensio, que sabe subrayar los gestos y el cariño con una paleta mínima de colores que potencian el efecto poético del texto. El texto, sencillo e inteligente, nos deja frases que uno necesita anotar para que no caigan en el olvido, metáforas que nos hacen pensar  en el transcurso del tiempo, en el futuro, en aquello que pasará y que el pequeño aún ignora, palabras que “hablan como el mar cuando uno se acerca: con un rumor que no se distingue, pero se entiende:”

En su tercer cumpleaños Nando recibe por fin el pulóver de Elsa y descubre que es cómodo como una casa y abriga, incluso, cuando la abuela ya no está.

El pulóver de la abuela Elsa enreda la lana y las palabras, palabras imprescindibles para crecer fuerte: tibieza que nos ayuda a recordar que somos queridos, pruebodenuevo para perseverar y enfrentar los fracasos de la vida y paciencia, porque no todo se consigue en un instante.

Adoro a esta abuela tan real, que calza zapatillas cómodas y batita de flores, que mira a su nieto como solo las abuelas saben hacer y cuyo regazo es el lugar más cálido y seguro del mundo. Me gusta este Nando de pelos tiesos que crece de página en página y  aprende  que su abuela estará siempre  acurrucada en sus recuerdos.

Un libro para regalar a grandes y pequeños, a todas las abuelas y nietos del mundo. Un libro para leer sin prisas y releer mil veces , un libro sutil y tierno que nos ayuda a no olvidar.

“El coleccionista de besos”: la vida en las ventanas.

15 Nov

Besos“Tengo 18 años. Soy un extraterrestre. Mis padres no son mis padres. Estoy seguro. Cuando estoy en mi habitación, cuando ellos creen que estoy estudiando, me conecto a internet. La vida es más real cuando estás enchufado.”

Así comienza el libro “El coleccionista de besos” de Pedro Ramos, publicado en la colección Periscopio de Edebé. Un libro que compartimos en la tertulia de la librería Rayuela de Málaga y que ha contado con el aplauso unánime de todos los contertulios. Pocas veces ocurre eso.

El libro nos narra la historia de IAN, un joven con Trastorno de Espectro Autista (TEA) que se enamora de una alumna de intercambio italiana y al que le resulta mucho más fácil relacionarse a través de los mensajes de texto que en el cara a cara.

IAN colecciona besos, besos ajenos que cuelga en las redes sociales y que representan todo aquello que él no puede  alcanzar: son besos de otros, esos otros de los que le gustaría formar parte.

Las redes sociales, los juegos de ordenador y las relaciones artificiales que se generan en las pantallas son el eje vertebrador de esta historia que nos sumerge de golpe en el mundo de IAN, un joven diferente, como todos lo somos de alguna manera, que busca desesperadamente ser un igual entre sus iguales. No siempre le resulta sencillo: su sinceridad sin matices, su manera directa de enfrentarse a las cosas y de decirlas le generan a menudo conflictos en un mundo que no está acostumbrado a la franqueza. IAN es honesto, inteligente  y está enamorado. IAN es un personaje de carne y  hueso en cuyos pensamientos nos vemos sumergidos  desde la primera página. Vivimos en la cabeza de IAN y sufrimos y gozamos al ritmo de su corazón. Las relaciones familiares, el acoso, la soledad y los miedos adolescentes aparecen reflejados en estas páginas, pero también lo están el amor, el coraje y la superación de las propias limitaciones.

“El coleccionista de besos” es una novela sin fisuras, ágil y fácil de leer,  en la que vemos plasmadas las vivencias de la juventud actual con personajes a los que uno puede reconocer en cualquier instituto de la ciudad. No hay tiempo para el aburrimiento, nos dejamos arrastrar por el ritmo de la historia deseando saber qué le ocurre a nuestro protagonista. Con la noche de San  Juan como escenario mágico asistimos al inesperado desenlace de esta novela con el sabor agridulce que nos dejan los buenos libros, anhelando seguir a IAN más allá de la última página.Pedro

Pedro Ramos es un escritor sólido, dedicado plenamente a la labor de creación que compagina con  talleres de escritura y de promoción cultural. Habla de su trabajo diario con pasión: se soñaba escritor y su sueño se ha hecho realidad. Sus novelas están teniendo una enorme aceptación entre los jóvenes porque el autor se encuentra muy cercano a sus inquietudes, los escucha y plasma con acierto aquello que le cuentan. Acaba de publicar una novela para adultos, “Tres mil noches con Marga” que espera impaciente en mi mesilla de noche para ser disfrutada, de eso estoy segura.

Por una mosca de nada: humor encadenado

5 Nov

moscaHay libros que te guiñan desde la portada, que te sonríen y llaman tu atención vistiéndose de verde y animándote a descubrir qué se esconde en su interior. Esto ocurre con el álbum de Canicabooks, “Por una mosca de nada”, escrito por Gracia Iglesias con ilustraciones de Ana Gómez , una invitación a la lectura incluso antes de abrir el libro.

“Por una mosca de nada” es una historia encadenada, rimada e ilustrada, nacida para hacernos reír. Narra las desventuras del vecino de arriba, que tuvo la desgracia de comerse una mosca viva y que acudió a su doctor a buscar la solución….a partir de ahí, una serie de remedios insólitos van armando una de esas retahílas a las que son tan aficionados los pequeños, acompañando al ingenioso texto una poderosa ilustración que multiplica el efecto humorístico de la historia. Ojos sorprendidos, doloridos, asustados, bocas que se abren en ángulos imposibles, animales que se suceden ensartados por la rima y un final sorprendente que hace que se agrande también nuestra sonrisa , esto es lo que atesora la última publicación de Canicabooks, una editorial que nos tiene acostumbrados a la calidad de su edición : libros que resultan irresistibles no solo por su contenido, sino por la textura de sus páginas, el placer de recorrer la suavidad de su portada y lo cuidado de cada pequeño detalle que hablan del buen hacer de su editora.

Confieso que entre esta mosca y yo el flechazo fue instantáneo ; ocupa ya  un lugar de privilegio en mi maleta viajera y estoy convencida de que provocará las delicias de los más pequeños. Hay ingenio tanto en el texto como en las imágenes. Resulta un placer leerlo en voz alta porque hay ritmo y música en  las palabras y  permite a los niños  participar en la narración . En medio de tantos libros sesudos y políticamente correctos escritos para aburrir a los niños, agradezco que lleguen a mis manos historias como esta, que cumple con creces el objetivo primordial de la literatura: deleitar.

Auguro muchos éxitos a este álbum, sucesivas reediciones y quizá la búsqueda desesperada del último ejemplar por parte de padres, maestros o narradores que seguro estarán tan contentos como yo de haber descubierto este maravilloso álbum.
¡¡Gracias Canicabooks!!

Mujeres a pie de letra: escritoras por la igualdad

23 Sep

Mónica Carretero

La Biblioteca Nacional celebra el 15 de octubre el Día de las Escritoras, en esta ocasión bajo el lema  “rebeldes y transgresoras”. Una celebración necesaria si nos fijamos en la clara situación de desigualdad en la que se encuentran las mujeres respecto a sus homólogos masculinos en cuanto a reconocimientos y premios: trece mujeres frente a los cien hombres que han recibido el Premio Nobel,  cuatro escritoras frente a los treinta y siete escritores que han logrado el Premio Cervantes y  también una escasísima presencia de mujeres escritoras en el Premio Nacional de Narrativa.

Los números cantan, o mejor dicho,  nos hacen llorar o al menos reflexionar sobre la invisibilidad de las mujeres también en el ámbito literario. Y no estamos hablando del pasado, aún en nuestros días sigue existiendo un trato discriminatorio incluso entre escritoras de éxito. Nuestra reconocidísima  y multimillonaria J. K. Rowling , autora de Harry Potter, se vio aconsejado por sus editores a firmar con las iniciales para evitar que los lectores más jóvenes rechazaran su fantástica obra por estar escrita por una mujer. Quiero pensar que las nuevas generaciones no tienen miras tan estrechas, pero resulta indignante que esos planteamientos se den en nuestros días.

Si preguntamos a niños y jóvenes sobre qué escritoras conocen, muy pocos son capaces de relacionar más de dos o tres nombres en el mejor de los casos. Centenarios como el de Gloria Fuertes, que rescataron su obra y dieron a conocer su vida, hacen que este sea uno de los nombres que repiten los jóvenes….¿pero cuántas escritoras siguen sin aparecer en los libros de texto, siguen siendo unas desconocidas para la gran mayoría o continúan ocultas tras sus seudónimos en la actualidad?. Como decía Virginia Wölf, una de las pioneras en poner su firma a pie de escrito, “anónimo es un nombre de mujer”.

El taller “Mujeres a pie de letra” quiere sumarse a esta jornada reivindicativa de la Biblioteca Nacional presentando a distintas escritoras, nacionales y extranjeras, que crearon personajes femeninos alejados de los estereotipos: protagonistas inteligentes, fuertes y voluntariosas que saben lo que quieren y  son capaces de luchar para conseguir sus objetivos….reales como la vida misma.

Convencida del poder transformador de los libros, “Mujeres a pie de letra” quiere provocar la reflexión sobre el poder de la literatura como instrumento de transmisión de roles , analizar textos e ilustraciones y colocar en el lugar que corresponde a tantas autoras que han luchado con sus historias por una sociedad igualitaria.

Nombrar para  darles existencia: ¡va por ellas!.

 

“El mar”: un libro para sumergirse.

6 Jul

Este año hemos tenido el privilegio en la tertulia de la librería Rayuela de contar con la presencia de Patricia Gª Rojo, autora de “El mar”, publicado por SM y por el que recibió el premio Gran Angular en el 2015.

Patricia es cercana y desborda entusiasmo. Habla de la literatura y de  jóvenes lectores con conocimiento de causa ya que es profesora en un IES en Fuengirola y contagia la pasión que siente por los libros, propios y  ajenos, dejándonos un buen listado de recomendaciones.

El libro que nos reunió, “El mar”, es una invitación a sumergirnos en su aventura desde la cubierta: una cuidadísima edición con solapas desplegables y troquelados que nos permiten curiosear en ventanas y fondos marinos de un azul intenso y que nos adentra, adelantándose a las palabras, en una historia fresca y original en la que fantasía y realismo han conseguido un raro equilibrio.

“Vivo en un tejado, tengo un barco hecho en su mayor parte de corcho, una piedra mágica y una novia que no me lo creo.
Aunque esto no siempre ha sido así.
Por eso lo cuento”

 Así inicia el protagonista y narrador esta historia que tiene como escenario una ciudad sumergida en la que sus habitantes ocupan las azoteas para sobrevivir. Un escenario fantástico poblado por seres de carne y hueso, tan reales, que resulta muy sencilla la identificación desde las primeras páginas del libro.

Rob, nuestro protagonista, es un héroe cotidiano que ignora su propia valía y que está enamorado de una chica que le resulta inalcanzable. Rob perdió a sus padres cuando el mar lo inundó todo, se dedica a la caza de tesoros, y  vive arropado por sus amigos en esa comunidad de los tejados en la que hay que luchar a diario y donde también existen los desencuentros. De la mano de Rob vamos conociendo a los distintos personajes y descubriendo su particular forma de vida. Las descripciones que aparecen en el libro son de una enorme plasticidad, haciéndonos evocar nuestras propias inmersiones en el agua y el asombro mil veces renovado frente a la inmensidad del mar.

Un día , Rob encuentra una piedra mágica que va a cambir su existencia y que  desencadena una serie de peripecias que nos mantienen en vilo hasta conocer el desenlace.

Confiesa la autora que convive con sus protagonistas a diario y los imagina reaccionando ante determinadas situaciones; esta convivencia produce en el lector esa sensación de verosimilitud que caracteriza a los buenos libros y que convierte en reales a los personajes de papel.

La estructura del texto, distribuida en 100 capítulos breves, confiere al mismo agilidad y fluidez, encontrándonos al final del mismo casi sin darnos cuenta. Una última sorpresa nos aguarda antes de cerrar el libro: una doble página en la que, en formato cómic, podemos identificar a golpe de vista a los habitantes de esta singular ciudad. Nacho Pangua ha representado con sencillez y acierto los distintos personajes, y lo único que lamento es  haber descubierto estas imágenes al terminar mi lectura.

El amor, la amistad, la aventura y la magia están presentes en este libro que te hace reír a carcajadas , y sobre todo,  soñar, soñar  con una sociedad diferente en la que la felicidad se encuentre en las cosas más sencillas.

Una lectura refrescante para estos días de verano. Una autora a tener en cuenta.

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El principito: viaje al centro del corazón

3 Jun

Este año celebramos en las Bibliotecas Municipales de Málaga el 75 aniversario de la publicación de “El principito” con un taller dirigido a adolescentes de los centros educativos de la ciudad.

Confieso que me acerqué de nuevo al libro con una cierta precaución, temiendo por un lado que la lectura adulta del mismo me desilusionara, y por otro, que hubiera quedado obsoleto como ha ocurrido con otros títulos leídos en mi infancia. Por suerte, esta lectura hecha a la luz de la experiencia me ha resultado tremendamente placentera y permitido descubrir, ahora sí, la profundidad de su mensaje.

“El principito”, escrito e ilustrado por Antoine de Saint- Exupéry durante una estancia en Nueva York, nos habla de un viaje, de un camino que todos recorremos y que nos lleva desde la infancia a la madurez. Un camino que nos obliga a dejar parte del equipaje y a reflexionar sobre aquellas cosas realmente importantes que debemos llevar en la maleta.

El pequeño príncipe mira el mundo de los adultos con ojos de asombro, sin entender lo absurdo del comportamiento humano, los afanes que mueven a los mayores y que, desde la sabia perspectiva de la infancia, carecen de sentido.

Hay mucho del autor en estas páginas: la referencia al desierto y el accidente que llevó a Saint Exúpery al borde de la muerte; la rosa, reflejando la compleja relación que mantuvo con su esposa Consuelo Suncín y sobre todo, la actitud vital de un hombre que vivió siempre al límite su pasión de volar, y que quizá por ello, supo distinguir lo esencial de lo superfluo y poner en boca de sus personajes frases que nos hace pensar.

Las adicciones, el trabajo alienante, el afán de poder o dinero no son por desgracia lacras de otros tiempos, están presentes en la sociedad actual, con otras caretas y otras formas, pero igualmente tristes. Los chicos han sabido descubrir las conexiones que tiene esta historia con su propia vida, reflexionar sobre la vanidad que hay en las redes sociales, la prisa que marca nuestro día a día y la fragilidad de las relaciones humanas.

Quizá debamos  los adultos volver a leer “El Principito” como han hecho los chicos y rescatar al niño que fuimos, recordar el placer de descubrir, amar sin condiciones, buscar tiempo para la amistad y reír como hace nuestro protagonista.

Argumentos para los no lectores

24 Mar

El 27 de febrero asistí a la Jornada Presente y Futuro del Libro y la Lectura en la Biblioteca Nacional y pude escuchar una vez más  a José Antonio de Marina. Asistir a una conferencia de Marina es abrir una ventana, aprender a mirar las cosas de otra forma y asombrarse una vez más con la capacidad de este hombre de mente lúcida para adaptarse a las nuevas circunstancias y hacernos reflexionar.

Todos sabemos que frente a una minoría en lento crecimiento, la mayor parte de nuestros adolescentes no se acercan a los libros más allá de las lecturas obligatorias de la escuela y ya no les valen los viejos argumentos de que la lectura es una fuente de placer y diversión porque hay otros muchos medios para cultivar el hedonismo que requieren un esfuerzo mínimo por parte de nuestros jóvenes: redes sociales, videojuegos y series televisivas han copado el espacio que ocupaban antes los libros.

Los niños no duermen siesta, ni los veranos son eternos como eran antes. Ahora todo va a un ritmo mucho más vertiginoso y resulta complicado encontrar un espacio de quietud para dedicarlo al arte de la lectura. Debemos inventar nuevas estrategias para convencer a los jóvenes, no sólo de la bondad, sino de la necesidad de leer.

Debemos leer porque a través de la lectura enriquecemos nuestro lenguaje y eso nos permite desenvolvernos con seguridad en el mundo. Quién se apropia del lenguaje tiene la capacidad de convencer, de argumentar y de matizar. El pensamiento toma forma en la palabra, y si no necesitamos la lectura para divertirnos, sí necesitamos las palabras para vivir, para comunicarnos y yo diría que para ser.

El pensamiento es lo que nos diferencia de los animales no racionales, y también el lenguaje nos aleja de estos, pues nos permite comunicarnos más allá de nuestras necesidades y pulsiones básicas. Hablamos y pensamos o pensamos y hablamos…importante establecer el orden en este tándem.

Necesitamos leer, del mismo modo en que necesitamos conversar, para hacer nuestras las palabras y descubrir las sutilezas del propio pensamiento. Las palabras nos empoderan, y aquél que se adueñe de ellas tendrá la posibilidad de establecer relaciones personales más sólidas en las que las emociones puedan expresarse sin provocar confusión. Como dice J. A. de Marina, los fracasos en las relaciones, tanto personales como sociales, son consecuencia de la falta de palabras: fracasan las parejas, los negocios o las políticas porque las partes no hablan o lo hacen de forma imprecisa.

Sentirnos dueños de las palabras nos permite ir configurando no solo el mundo personal más rico, además determina nuestra postura ante la sociedad y nuestra forma de relacionarnos con el otro. El lenguaje coloquial es limitado y necesitamos leer para acceder al lenguaje literario que nos proporciona un vocabulario más amplio, más exacto y más hermoso con el que vestir nuestros pensamientos. Estoy convencida de que el contacto temprano con el lenguaje poético proporciona a los niños una actitud diferente ante la vida, la posibilidad de vislumbrar otros mundos más allá de la realidad, a veces poco amable, que les toca vivir.

Y junto a este argumento irrefutable que nos da Marina, debemos saber que la lectura nos proporciona también un espacio de silencio necesario para poder crecer. Frente al ruido permanente que nos rodea, las interrupciones constantes de los wasaps o las llamadas telefónicas, la lectura ha de reivindicarse como un lugar de sosiego y reposo en el que poder descubrirnos y dialogar con nosotros mismos. Resulta significativo el hecho de que estén proliferando espacios pensados para esa lectura silenciosa, lugares en los que el único requisito es el de dejar apagados ( y fuera de la estancia pediría yo)los dispositivos móviles para poder encontrarnos a solas con las páginas.

Quizá estos argumentos sigan sin ser suficientes para las nuevas generaciones, pero ningún joven puede negar la realidad de que seguimos necesitando las palabras para enamorar a pesar de la importancia que esta sociedad da a la imagen.  Esgrimamos pues este argumento y crucemos los dedos para que vuelvan la mirada hacia los libros.

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