Leer en clase: consejos para docentes

17 Sep
cecile-mancion

Cecile Mancion

Hace unos años recibí alborozada la noticia de que se iba a establecer un tiempo de lectura obligatoria en los colegios; que las palabras lectura y obligación vayan unidas no es algo que me guste, pero pensé que podía ser una oportunidad para dar relevancia al hecho de leer, para compartir lecturas y comentarios y construir poco a poco esa deseable comunidad de lectores.

En algunos centros aprovecharon la obligatoriedad de la norma para animar a sus alumnos a que llevaran su libro favorito a clase y utilizaran esa hora para continuar con la lectura. Los profesores daban ejemplo  haciendo  otro tanto y convirtiéndose en modelos a imitar por sus alumnos. Ya he recogido en este blog alguna experiencia en este sentido. A veces convertir la lectura en un hecho extraordinario es tan simple como hacer que suene una campanita a lo largo de los pasillos anunciando  que se inicia un tiempo de lectura libre dentro de las paredes del colegio, sonido que puede escucharse en el momento más inesperado y que es recibido siempre con alborozo por parte de los alumnos.

Pero por desgracia, en otros centros de enseñanza,  los profesores aprovechan para corregir exámenes y  los alumnos para terminar tareas o centrarse en sus libros de texto rompiendo con el  espíritu lúdico  de esa propuesta de lectura. Me gusta pensar que son minoría y que la mayor parte de los docentes utilizan este tiempo para leer a sus alumnos: elegir un texto adecuado y darle forma es la mejor manera de crear afición por la lectura. A veces, un mismo libro es el  que acompaña a lo largo del curso a los alumnos, suspendiéndose su lectura diaria en un momento álgido de la narración. Otras veces es un poema, un relato corto o un fragmento que sirve como detonante del deseo y anima a los alumnos a interesarse por el título. En cualquier caso, es un momento  deseado por todos, una práctica  eficaz y sencilla que  podemos llevar a cabo en nuestra clase.

Conozco a una profesora de la universidad de Málaga, Isabel Borda Crespo, que lee a sus alumnos de magisterio diariamente un álbum ilustrado. Con este simple gesto está despertando entre ellos el gusto por un género que les va a resultar muy útil cuando ejerzan la docencia, y al mismo tiempo, les da a conocer una serie de títulos que podrán utilizar con sus futuros alumnos. Sé que están tremendamente agradecidos por esa lectura diaria.

¿Y a los adolescentes, nos atrevemos a leerles a ellos también?. Por supuesto, quizá son  los más necesitados de ese espacio de sosiego que se crea con la lectura en voz alta, rompiendo el ritmo vertiginoso que las nuevas tecnologías imprimen en su día a día. Mi experiencia es que escuchan con atención, que les gusta que  les lean y que debemos de aprovechar ese momento para animarlos a compartir sus propias lecturas. Recomiendo a menudo “El libro de los abrazos” de Eduardo Galeano  y el de “Ajuar funerario” de Fernando Iwasaki, recopilación de relatos cortos en los que el humor y lo macabro van de la mano y que por su brevedad se adapta a los   escasos tiempos que permiten las apretadas programaciones.

Os animo a que leáis a diario a vuestros alumnos a lo largo de este curso, que recuperéis esa vieja práctica,  estoy convencida de que esta buena rutina dará sus frutos.

Lectura Fácil: un proyecto solidario

25 Jul

 LFlogo-lf_57EiLQR“La lectura tiene que ser accesible para toda la sociedad”

                              Manifiesto de la UNESCO

Leer es una habilidad imprescindible para poder acceder al conocimiento, desenvolvernos en sociedad o sumergirnos en una buena historia.

La lectura es un acto cotidiano que realizamos sin ser conscientes de su transcendencia, quizá porque vivimos en una sociedad en la que el analfabetismo está prácticamente erradicado.Sin embargo las estadísticas nos dicen que más de un 30% de la población tienen dificultades lectoras, es decir, carecen de las destrezas necesarias para disfrutar del placer de la lectura, acceder a distintos tipos de textos y comprender lo que estos significan.

Estamos hablando de un colectivo mucho más amplio del que podíamos pensar en un principio: inmigrantes que están iniciándose en el aprendizaje de un nuevo idioma, personas mayores que ven mermadas sus capacidades con el transcurso de los años, disléxicos y personas con trastornos de aprendizaje, discapacitados psíquicos, auditivos y un amplio grupo de analfabetos funcionales que, si bien conocen el código escrito, su falta de hábito lector les dificulta la comprensión de aquello que leen y se ven abocados al fracaso escolar.

A menudo, los que nos consideramos lectores competentes nos hemos enfrentado a un formulario o un texto que no hemos sabido descifrar….¿recordáis la sensación de impotencia, la necesidad de ayuda en esos momentos?. Pues esa es la realidad cotidiana de una parte importante de la población.

Las asociaciones de Lectura Fácil están luchando contra esa “discriminación textual” elaborando textos que resulten accesibles para ese vasto colectivo con dificultades. Son textos muy visuales, con amplios márgenes, estructuras lineales y lenguaje sencillo que permiten avanzar en el desarrollo de las competencias lectoras en unos casos, siendo una herramienta de integración y autoafirmación en otros.

Las personas que forman parte de esas asociaciones están convencidas de la necesidad de democratizar el acceso a la lectura, sin exclusiones, y para ello no solo elaboran textos adaptados sino que realizan una labor de acompañamiento incentivando, animando y allanando el camino que  lleva hacia una lectura autónoma.

Leer es como subir una escalera; si el primer peldaño es demasiado alto podemos desistir y resignarnos a no alcanzar la cumbre o, por el contrario, buscar una escalera más pequeña y una mano que nos ayude a mantener el equilibrio. Los que estamos convencidos de la importancia de leer debemos unir esfuerzos para que nadie se vea excluido, así que tendamos la mano y difundamos este generoso proyecto.

Recetas para cocinar lectores

20 Jun
Oliver Jeffers

Oliver Jeffers

A menudo me preguntan si hay una receta mágica para animar a leer a los niños y jóvenes y no soy capaz de dar una respuesta concreta, pero siempre he pensado que un buen mediador de la lectura es como un buen cocinero que partiendo de un mismo ingrediente sabe crear un menú diferente, sazonar, elaborar salsas, entender que cada plato necesita un tiempo de cocción y saber que cada comensal es único.

Os dejo aquí algunos de los trucos que me ayudan en mi “cocina de lectores”:

  • Buenos libros, que mantengan el interés a lo largo de las páginas, que tengan ritmo, emoción y verdad. El mercado editorial es muy amplio y como mediadores hemos de leer mucho para hacer una selección personal de textos para compartir. Insisto en lo de personal: buscar en la red, dejarnos aconsejar por nuestro librero o tener en cuenta la opinión de los expertos es importante pero la última palabra la tenemos nosotros.
  • Entusiasmo y cariño: son estos ingredientes imprescindibles. Si estamos convencidos de la importancia de nuestra labor y del valor del texto que compartimos, acompañando todo eso con una buena dosis de cariño, el éxito está garantizado.
  • Escucha: tener en cuenta lo que les gusta a nuestros alumnos e hijos, hacerlos partícipes de la actividad y no meros espectadores, dejarles expresar sus opiniones y tomar nota de ellas para futuros encuentros.
  • Entender que el libro es desplegable, que sus páginas abren ante nosotros caminos infinitos y que  cada uno de ellos nos conduce a un lugar diferente. Dejarnos llevar por el camino y prestar atención a lo que el libro  nos susurra entre líneas.
  • Hacer lecturas en voz alta y cuidar la forma en que damos vida a un texto. No importa la edad de nuestros oyentes, nuestra voz es nuestra mejor aliada a la hora de provocar el deseo de leer.
  • Animarlos a que escriban: que cambien el final, den forma a sus impresiones o se carteen con los personajes de las historias. La escritura es una manera de reflexionar sobre lo leído. Nada de tediosos resúmenes que matan el placer de leer, a veces basta solo una palabra para evocar con emoción un libro, un pequeño diario de lecturas para recordar.

           Seguro que vosotros tenéis muchos más trucos para compartir…espero vuestros comentarios.

Así es mi corazón

4 May

así es mi corazón“Mi corazón es como una casita.

Dentro pasan muchas cosas…¡ y están todas revueltas!”

El corazón es un órgano cambiante,  no todos los días late al mismo ritmo o se ve coloreado por los mismos sentimientos. Así nos lo cuentan Jo Wetek y Christina Rossey en el álbum publicado por la editorial Bruño en la colección  Cubilete titulado  ”Así es mi corazón”.

Confieso que desconfío de los libros que muestran sin pudor su intención pedagógica, que nacen con el objetivo de enseñar a los más pequeños a identificar  las emociones o inculcar algún buen hábito. Suelen ser propuestas aburridas que  matan el placer de la lectura y que no gustan a los niños, sin embargo, este álbum me ha sorprendido con el  juego provocador de su diseño y la viveza de su protagonista, que a pesar de la simplicidad del trazo, es de una tremenda expresividad.

La cubierta es irresistible, con un corazón troquelado por el que asoman otros muchos en colores vivos que te seducen desde la primera mirada. Cada página presenta una emoción diferente , un color, una imagen y  un texto breve y poético en el que la metáfora es la estrella.

¿Tienen las emociones formas, colores, sabores?. Estamos convencidos de que sí, y también lo están los autores de este libro que nos proponen un juego de sinestesia en el que los niños participan con espontaneidad  aprendiendo  a expresar aquello que sienten siguiendo el hilo de los textos, observando las ilustraciones y desentrañando el estado de ánimo de nuestra protagonista.

Me gusta especialmente  la descripción de la tristeza : Cuando estoy triste, es como si un elefante gris gigante se colase en mi corazón. Ocupa mucho sitio y me aprieta tanto… ¡que se me escapan las lágrimas!”. Resulta muy sencillo identificarse con esta imagen y recordar algún momento en el que un elefante gris se coló en nuestro corazón….¿te atreves a contarlo?.

Si buscáis una historia con principio y final este no es vuestro libro. Si lo que pretendéis es un viaje hacia el centro del corazón con el juego como hilo conductor…¡¡¡no retraséis ni un minuto más el adentraros en este álbum!!!

Javier Reverte: viajes de papel

19 Mar

JavierReverte.0Soy viajera de corazón: me gustaría estar en perpetuo movimiento y visitar sin descanso distintos lugares del mundo con la única condición de tener un sitio al que regresar de vez en cuando. Así lo sueño y lamento que mis sueños sean mucho más amplios que mis realidades.

Javier Reverte me ayuda a equilibrar esta situación con sus libros. Con Reverte paseo las calles, converso con la gente y bailo al son de su música. No hay demasiados monumentos en sus páginas, pero todas y cada una de ellas están impregnadas por la vida: la que late en los mercados, en las mesas, en las plazas. Leer sus libros es conversar con un viejo amigo de su última escapada: anécdotas, historias con nombre propio que van dibujando sin esfuerzo esa geografía humana en la que los rasgos distintivos no los marca la raza, sino las costumbres, la forma de entender la vida o la bondad o dureza del clima.

Le gusta a Reverte contextualizar sus viajes hablando de ese pasado que configura el presente de un determinado pueblo, y lo hace de forma natural sin que tengamos la impresión de que hay didactismo  en sus palabras, sino la curiosidad del viajero que se adelanta al viaje de la misma manera que lo rememorará, ya en casa, delante de un montón de fotografías.

Reverte no es turista, viaja a la antigua usanza, sin prisas, manteniendo la mirada expectante de un niño ante un nuevo escenario. No hay un plan preconcebido: como el mismo autor confesó en un encuentro con los lectores, a menudo se ha puesto en marcha para escribir un libro de viajes y el camino le enseña que es un poemario o una novela lo que esa tierra le susurra. Se deja llevar por los días y no se cansa de mirar a los ojos a los hombres y mujeres que con él se cruzan. Los miles de kilómetros que acumula en sus espaldas le han enseñado que lo mejor del camino es el encuentro con el ser humano a veces tan cercano como nosotros mismos.

En sus libros hay con frecuencia, junto al viaje real, un viaje literario: “El corazón de las tinieblas”, la “Odisea” o la poesía irlandesa sirven de pretexto o quizá de detonante para ponerse en marcha. Todos hemos fantaseado con seguir las huellas del protagonista de algún libro, convencidos de que el espacio nos revelará secretos que las páginas no han podido por sí mismas: emular a los personajes de la novela  y recorrer los lugares a los que el texto hace referencia. Reverte lo hace así y provoca también en su lector el deseo irrefrenable de leer los libros que cita para descubrir qué verdades encierran.

Comparte también el autor de forma generosa sus reflexiones, su manera de entender el viaje: “el que viaja solo lo hace abierto al mundo”, nos dice en “Vagabundo en África”. Y desvela con naturalidad la introspección que toda ruta lleva aparejada: al fin y al cabo, el viaje es también un espacio para la reflexión y el crecimiento, un camino de soledad que nos lleva hasta el centro de nosotros mismos. Quizá sea ese el auténtico objetivo.

Uno de los últimos libros que mi padre leyó fue “El río de la luz”, que sigue las huellas de los buscadores de oro en el río Yukón cuya odisea Jack London había inmortalizado con tanto acierto en sus novelas. No puedo olvidar la enorme satisfacción que le produjo esta lectura, los párrafos que compartió conmigo y las veces que dijo: “así lo había imaginado”. La realidad de las páginas de Reverte convirtieron en real un deseo de juventud: viajar al Canadá. Solo lamento el no haberle agradecido personalmente al autor en su visita a Málaga el placer que sus páginas produjeron en este viejo aventurero, y en mí, que lo veía disfrutar tanto.

Os dejo ya, tengo que hacer mi maleta, quiero estar preparada para acompañar a Reverte en su próxima aventura.

Rutas literarias

16 Mar

La ruta literaria es un camino de aprendizaje que nos acerca a la obra de distintos autores siguiendo sus huellas  por un paisaje determinado. Lo haremos a través de la biografía, de las anécdotas y vivencias que fueron configurando al ser humano, y también al artista, para descubrir que vida y obra caminan de la mano formando una unidad indisoluble.
La ruta literaria nos redescubre también la propia ciudad, nos invita a mirar con otros ojos animándonos a pasear tranquilamente, alejados de las prisas y rutinas diarias.
La ruta es también un espacio de encuentro, un intento de desmitificar al escritor y de entender los motivos que le impulsaron a escribir.
Pretendemos hacer de las palabras un camino en el que conversar también con otros lectores  que quieren acercarse a la literatura de una forma diferente.
Si estáis interesados en realizar esta primera ruta, en la presentación encontraréis los detalles de la misma y los datos de contacto. Espero que caminemos juntos.

Habrá salidas abiertas  el segundo sábado de cada mes siendo necesaria reserva previa ( dinamizalectura@gmail.com)

 

Roald Dahl: El gran gigante bonachón

12 Feb
A %d blogueros les gusta esto: