El placer de lo prohibido

15 oct

Terrorlibros318714_297355120380436_251319593_nCon el inicio del otoño repito el viejo ritual de ordenar los libros de cara al nuevo curso. Descubrí hace tiempo que mis libros tienen vida propia y que se recolocan cada año en lugares diferentes atendiendo a criterios de afinidades que olvido con frecuencia. Me alegra que así sea porque esta rutina estacional me sirve para hacer un repaso del año y descubrir algún volumen cuyo recuerdo me reconforta.

Hay libros que son descartados y enviados a donde puedan ser útiles y otros simplemente se reubican en otros espacios. Este año he reunido en una sección sentimental mis libros prohibidos, aquellos leídos a deshoras bajo las sábanas, camuflados con un forro de revista para evitar indiscreciones (¡qué tiempos aquellos!) o robados de las estanterías de mis padres o hermanos mayores. Como podéis imaginar, a estas alturas de la vida no hay nada que me esté vetado ni nadie que me pueda vetar las lecturas, pero esa sección de libros leídos a una edad impropia me ha hecho reflexionar sobre la eficacia de la “prohibición” en el fomento de la lectura.

Al fin y al cabo, animar a leer es un proceso de seducción. No se trata de imponer, sino de despertar el deseo, la curiosidad por descubrir lo que se esconde tras una portada o un título. A menudo nuestra insistencia o excesivo entusiasmo sobre la bondad de un libro produce un efecto contrario al deseado. Me contaba una vieja amiga, profesora de primaria durante muchos años, que siempre llevaba tres libros a su clase: hablaba sobre los dos primeros y hacía caso omiso a las preguntas que le hacían los pequeños sobre el tercero. Un día descubrió con satisfacción que sus alumnos se colaban en la clase durante el recreo para descubrir el título de ese tercer volumen que ella había ocultado con clara intención provocadora. ¡Su estrategia había funcionado!.

Prohibir funciona, funciona en las bibliotecas cuando un niño se acerca con su madre a que le aconsejes y le muestras un título con el comentario de que “es para más mayores”, desatando en ese momento un deseo irrefrenable de leerlo. Funciona cuando tu hermano mayor te dice lo mismo respecto a una de sus lecturas y te dedicas a espiar dónde deja el libro para adentrarte con un placentero sentimiento de culpa entre sus páginas. Funciona cuando te quitan un libro de las manos diciéndote que no lo vas a entender…funciona, y quizá no lo entiendas o no entiendas todo lo que esa lectura puede ofrecer a unos ojos más adultos, pero funciona como estrategia, convierte el libro en un objeto de deseo , en algo por lo que es necesario luchar.

Descubrí en mi diario adolescente la discusión con mis padres sobre si autorizarme o no la lectura de “La vida sale al encuentro” de José L. Martín Vigil, un libro muy inocente en la distancia, que estaba leyendo en ese momento mi hermana mayor. Quizá era muy niña para leerlo pero a pesar de todo me dieron el visto bueno cuando yo, por supuesto, hacía tiempo que lo había terminado.

No digo que haya que prohibir la lectura, pensemos en la situación tan terrible de esos países en los que los libros están sometidos a censuras o incluso descartados para la población femenina. La lectura ha de ser una actividad libre y estoy convencida de que la mejor estrategia es contagiar el propio entusiasmo, pero si esto no funciona quizá debamos recordar nuestras lecturas a escondidas, con el oído alerta y la estimulante sensación de estar saltándonos las normas.

Como nos dice Gustavo Martín Garzo:Las palabras de la literatura tienen que ver con el silencio, con lo que se guarda y tal vez hay que robar, nunca con lo que nos ofrecen a gritos, y mucho menos a la luz del día, donde todos puedan vernos.”

Seduzcamos, contagiemos, prohibamos…en la lectura como en el amor, todo vale.

En el regazo de un libro: fomento de la lectura en los hogares

1 sep

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Este taller lleva en mi maleta muchos años consciente de que la implicación de las familias en el crecimiento lector de sus hijos no es una opción, es una necesidad.

Aquí encontraréis una presentación con los contenidos y objetivos del taller.

Ver para leer: el álbum ilustrado

1 sep

Historias para comérselas

1 sep

Mitos con arte

1 sep

Metáforas visuales

31 ago

Animales que riman

31 ago

Poetas con sacacorchos

31 ago

Poetas con sacacorchos from dinamizalectura

Talleres : leer, disfrutar, compartir, aprender

30 ago
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Carla Broekhuizen

Voy ir subiendo algunos de mis talleres a este blog. A lo largo de 20 años he ido desarrollando proyectos muy distintos y sería imposible hacerlos todos visibles en este espacio porque son actividades cortadas a la medida, que se acomodan a la edad de los participantes, a sus intereses, a sus gustos. Cada grupo es diferente y diferente ha de ser también el trabajo;  me gusta que los cursos sean activos y participativos  y que  entre todos vayamos dándoles forma.

Pero hay elementos que se repiten: viajo siempre con una maleta llena de libros y recibo a los participantes con una mesa en la que éstos están al alcance de la mano. Siempre hay un tiempo para poder abrir sus páginas y disfrutar: un tiempo para provocar el deseo.

Hay talleres para los profesores, bibliotecarios y padres que quieran aprender  cómo contagiar el placer de leer a sus hijos, alumnos o usuarios.

También hay talleres para las familias. Me parece imprescindible que los hijos y los padres disfruten juntos de los libros, que jueguen con la poesía y las imágenes y descubran que la lectura puede resultar una magnífica actividad para compartir.

Talleres para niños de todas las edades, para adolescentes. Talleres dirigidos a adultos lectores y para otros que quieren llegar a serlo. Talleres que pretenden convertir los espacios bibliotecarios en un lugar conocido y querido y otros que fomentan la creatividad. Talleres para la reflexión y también para el juego. Talleres que siguen un hilo conductor y otros que picotean de distintos temas y géneros.  Talleres de poesía y álbumes ilustrados. Talleres siempre con el libro como protagonista.

No necesito un espacio determinado pero confieso que  en las bibliotecas, las escolares y las públicas, me siento como en casa.

Disfruto a diario con mi trabajo, no me importa viajar  y la voz, las imágenes y una cuidada selección de textos son mis mejores aliados en esta tarea de construir una sociedad lectora.

Nacer a la luz y a la lectura

6 jul

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“Nací a la luz y a la lectura, que es otra forma de nacer, en Málaga”. Con estas palabras se refiere el sevillano Vicente Aleixandre a su infancia en la “Ciudad del Paraíso” y me sumo a sus palabras convencida de que así debería ser el nacimiento, simultáneamente ver la luz y encontrarnos con los libros, con las palabras que dan forma a ese mundo al que acabamos de llegar. Imprescindible que les descubramos cuanto antes que las palabras habitan en los libros, que los acostumbremos al gesto de abrir un cuento y dejar que las historias broten de sus páginas porque así multiplicarán sus vidas y el mundo resultará un lugar más interesante.

Creo que en más de una ocasión en este blog he hablado de lo complicado que resulta concienciar a los padre de la necesidad de su implicación en la formación lectora de sus hijos, y si nos referimos a hijos menores de tres años, es una cuestión que no llega siquiera a plantearse. Sin embargo, estamos perdiendo un tiempo precioso que proyectos como el de “Nascut per llegir” en España y otros similares en  Italia o Chile han tratado de paliar trabajando con los padres durante el embarazo y prolongando el acompañamiento de la familia lectora durante los primeros meses de vida del pequeño.

El libro “Neuroeducación” de Francisco Mora me ha reafirmado en la necesidad de no perder ni un solo minuto en este tema. La plasticidad del cerebro humano en los primeros meses de vida y su desarrollo en los primeros años es determinante. Como bien explica el autor con el símil de la cadena de montaje, hay habilidades que el niño ha de adquirir en un momento determinado de su vida, y, que de no hacerlo en ese instante, producirá ya una carencia que arrastrará  a lo largo de su existencia. Estar en contacto con las palabras, contar con estímulos visuales y auditivos y tener la posibilidad de manipular y experimentar con los objetos desde la más temprana edad ayuda al niño a desarrollar conexiones neuronales y multiplicar sus habilidades, minimizando así sus dificultades de aprendizaje.

El hemisferio derecho es el creador, el que genera músicas, ritmos, imágenes; el hemisferio izquierdo es el analítico, el del lenguaje, la lógica y las matemáticas. Entre ambos hemisferios existe un continuo intercambio de información que permite una actuación global y que se  ve potenciada si está vinculado a la emoción. Volviendo al tema de la lectura, al poner al niño desde muy temprana edad en contacto con libros repletos de imágenes, con pestañas que se abren y sorprenden con texturas y colores, que permiten la manipulación y a los que damos voz contando historias cotidianas que el pequeño puede reconocer, estamos despertando su interés y contribuyendo a su formación lectora. Si al libro sumamos el poder de los afectos, de la cercanía de esa lectura de regazo, el poder educador de ese encuentro se multiplica.

La curiosidad está también en la base del aprendizaje, y nada hay más curioso que un niño o una niña que está estrenando mundo. Dejémosle que experimenten con el objeto libro, que se adentren en el mundo fantástico de las palabas, que imiten nuestros gestos de pasar la página porque también de este modo están adquiriendo el hábito lector. Intentemos que la lectura y el juego estén unidos porque así será siempre en su recuerdo una actividad placentera. Provoquemos la risa con las retahílas, las canciones y los versos. Sorprendamos, emocionemos, leamos. Disfrutemos del tiempo sin tiempo de la infancia y abandonémonos con nuestros hijos al placer infinito de adentrarnos en esos mundos de papel, conscientes del valor inigualable de ese momento.

No lo aplacemos más, si nuestro hijo o hija  ha nacido a la luz que nazca sin demora también a la lectura.

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